Las emociones tóxicas pueden crear problemas de salud

Emociones tóxicas

La ira y el odio son naturales en la vida de las personas, pero también pueden ser algunas de las emociones más tóxicas que se pueden tener si no se saben controlar, sobre todo en la vida de los niños. Los sentimientos de rabia y odio que se crean en la infancia se acumulan en la mente, el cuerpo y el alma, pudiendo afectar a los órganos del cuerpo y a los procesos naturales del desarrollo de las emociones.

Expresar la ira de forma razonable puede ser saludable, pero es algo que se debe aprender desde la infancia. Pero los niños que viven con padres explosivos que solo gritan con frecuencia pueden estar en mayor riesgo de padecer enfermedades de corazón (así como los padres que gritan). Los episodios prolongados de ira pueden pasar factura en la salud del cuerpo en forma de hipertensión, estrés, ansiedad, dolores de cabeza o problemas de circulación sanguínea.

Existen investigaciones que demuestran que incluso un episodio de 5 minutos de ira puede ser muy estresante y que también puede poner en peligro el sistema inmunológico de adultos y niños durante más de seis horas. Todos los problemas de salud pueden derivar en problemas más graves como ataques al corazón o accidentes cerebrovasculares.

La ira y el odio pueden ser dirigidas a uno mismo, a los demás… Pero de cualquier forma son veneno para el crecimiento de los niños y para el bienestar emocional de cualquier persona, de cualquier edad. Es necesario aprender a superar la ira y el odio para así, poder enseñar a los niños a vivir en paz y armonía.

5 claves para superar la ira y el odio

1. Reconocer la ira

En lugar de empujar el enfado hacia escalones más altos es necesario reconocer cuándo te sientes así y ser consciente de ello. Admite que estás enfadado/a y cuando lo hagas, podrás empezar a abordar las emociones y encontrar la solución al problema.

2. Explica por qué estás enfadado o tienes esa sensación

Puedes explicarlo a una persona de confianza o simplemente escribirlo en un papel. Mira dentro de ti y pregúntate de forma sincera por qué estás molesto. Muchas veces, la ira y el odio provienen del miedo, de la inseguridad o de la auto-defensa. Una vez que encuentres la raíz de tu ira, deberás preguntarte sobre tu salud física y mental y si realmente merece la pena esa lucha o por el contrario, lo que realmente merece la pena es estar bien emocionalmente.

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3. Da un paso hacia atrás

El calor del momento puede hacer que tengas actitudes y que tomes decisiones poco racionales. Es necesario tomar un descanso, dar un paseo o meditar hasta que notes que tu mente empieza a calmarse. Respira profundamente y date la oportunidad de relajarte. Cuando estés en calma, entonces podrás controlar tus emociones de una forma eficiente. Tus hijos no tienen que verte desbordado, sino que deben ver cómo eres capaz de retomar la situación desde la calma y el autocontrol.

4. Trata el tema

La ira no resuelta puede afectar a tu salud y felicidad. No hay que ignorar el problema, sino más bien tratar de encontrar la solución a lo que ocurre. Si la situación está fuera de tu control solo tendrás que resolver tu forma de pensar. Es posible que no puedas cambiar la situación por los motivos que sean, pero sí puedes cambiar el cómo te afecta y tu forma de pensar hacia eso en concreto. 

5. Deja de lado los patrones de pensamiento poco saludables

Si sueles pensar siempre en lo peor de todos y de ti mismo, necesitarás entrenar tu mente para pensar de forma positiva. Tus hijos necesitan que seas un ejemplo de positivismo para aprenderlo también. Deja de lado los patrones de pensamiento negativo y empieza a apreciar lo bueno que tienes en la vida. Cuanto menos estés enfadado/a, tendrás mejor salud y serás más feliz… y tus hijos también.

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