Los perros son capaces de sentir de forma parecida a los niños

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La mayoría de las personas que tienen o han tenido un perro están convencidas de que su mascota les entiende. Y la ciencia les da la razón. Un estudio realizado en la Universidad de Sussex ha desvelado que los perros pueden entendernos, no solo a través de las inflexiones de la voz sino también mediante las palabras. Estos investigadores encontraron que el cerebro de los perros procesa el lenguaje humano de forma muy similar a como lo hacen los niños: su hemisferio izquierdo se encarga de procesar el contenido verbal, a la vez que analiza las características de la voz y su contenido emocional, mientras que el hemisferio derecho se encarga de analizar los sonidos e idiomas desconocidos.

Las emociones infantiles y caninas comparten una base muy similar

Los niños experimentan una gama mucho más reducida de emociones que los adultos. Solo con el tiempo, las interacciones sociales y el desarrollo psicológico van apareciendo sentimientos y estados emocionales más complejos.

Ahora la ciencia ha descubierto que los perros suelen tener un desarrollo emocional muy similar al de los niños. Pueden entristecerse, estresarse, ponerse ansiosos e incluso sentirse celosos, al igual que les sucede a los pequeños, y también son capaces de experimentar una gama más amplia de emociones a medida que crecen.

Algunos estudios han encontrado que los perros pueden reaccionar no solo a lo que decimos sino también al contenido emocional de nuestras palabras. De hecho, al igual que los niños pequeños, aprenden a seguir con la vista la mirada de los demás, los perros también desarrollan este mecanismo involuntario y son capaces de mirar atentamente a las personas que les hablan, sobre todo cuando existe un fuerte vínculo como el que establecen con sus dueños o las personas con las que interactúan con frecuencia.

No obstante, lo más curioso es que, al igual que los niños, estas mascotas pueden detectar a través del contacto visual y los cambios en el tono de la voz cuándo nos estamos dirigiendo a ellos y qué le estamos diciendo. Asimismo, son capaces de captar nuestro estado de ánimo, comprender lo que le pedimos y entristecerse o alegrarse con nuestras palabras.

Las emociones infantiles y caninas comparten una base muy similar

De hecho, otra investigación, esta vez realizada en la Universidad de Bristol, en Estados Unidos, encontró que los perros tienen un nivel de sensibilidad muy similar al de los niños. Para arribar a estas conclusiones los investigadores analizaron la respuesta cerebral de un grupo de perros a través de resonancia magnética mientras recibían distintos tipos de estímulos. De esta manera, encontraron que la actividad cerebral de los perros, específicamente la del núcleo caudado, una región relacionada con las emociones y las sensaciones positivas, aumentaba a medida que recibían señales relacionadas con la alimentación, olores de personas cercanas o el regreso de su dueño.

Sin embargo, esto no fue lo más interesante. Los investigadores notaron que los perros, al igual que los niños, pueden mostrarse pesimistas u optimistas, según el significado emocional que sus dueños le impriman a cada situación. En práctica, colocaron a cada animal en una habitación, completamente aislado durante 5 minutos, a lo largo de los cuales los perros empezaron a mostrar signos de ansiedad. Luego colocaron en la habitación un cuenco vacío y otro con comida y esperaron para ver por cuál se decidía cada animal. Así, encontraron que los animales más optimistas apostaban por el cuenco con comida ya que lo percibían como una recompensa, mientras que los que se decidían por ir hacia el cuento vacío fueron considerados pesimistas pues no esperaban nada.

Los expertos explicaron que esta reacción es muy similar a la de los niños quienes también tienden a valorar una situación como positiva o negativa según las circunstancias. De hecho, se ha demostrado que los niños más seguros y felices tienden a percibir las situaciones como más positivas, mientras que los niños más inseguros suelen procesar las diversas situaciones de su vida cotidiana con un prisma más pesimista.

Otra explicación a este fenómeno llega de la mano de una investigación realizada en la Universidad de Azabu, en la que se encontró que los perros cuentan con las mismas estructuras cerebrales y hormonales que generan las emociones humanas, a la vez que experimentan los mismos cambios bioquímicos que ocurren en el organismo de los niños. De hecho, los perros tienen oxitocina, una hormona que en los humanos está relacionada con las emociones positivas y que aumenta ante las experiencias positivas, de la misma forma que sucede en los canes cuando interactúan positivamente con sus dueños y se miran a los ojos.

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