¿Por qué jamás deberíamos quitarle a un niño su objeto de apego?

objeto de apego niños

Los niños pueden experimentar un apego afectivo especial hacia algunos peluches o una manta, objetos que les transmiten seguridad y tranquilidad. De hecho, se estima que el 70% de los niños pequeños tienen un objeto de apego que les acompañará durante gran parte de su primera infancia.

Para un niño, su objeto de apego es único e irrepetible

Un estudio particularmente interesante desarrollado en la Universidad de Bristol y publicado en la revista Cognition nos ayuda a comprender qué representan los objetos de apego para los niños.

Estos psicólogos les pidieron a los padres que trajeran a sus hijos de entre 3 y 6 años de edad al laboratorio, junto a su objeto de apego. Luego, les mostraron a los pequeños una “máquina para copiar objetos” y les mostraron cómo funcionaba. A continuación, los investigadores les preguntaron si tenían su permiso para copiar su objeto de apego.

El 18% de los pequeños se negaron rotundamente a que copiaran su objeto de apego y un 60% decidieron quedarse con su objeto, a pesar de que el objeto que supuestamente habían copiado los investigadores era nuevo.

Esta investigación demuestra el profundo vínculo emocional que mantienen los niños con esos objetos especiales. También desvela que los pequeños creen que esos objetos poseen algunas características únicas que no se pueden copiar. Esa es la razón por la cual los objetos de apego son irreemplazables.

objeto de apego

¿Qué son los objetos de apego y cuáles son sus funciones?

Los objetos de apego, u objetos transicionales, como los denominó en el año 1951 el psicoanalista Donald Winnicott, son cualquier juguete u objeto al que el niño atribuye un valor especial y por medio del cual logra relacionarse con el mundo y afrontar los cambios más difíciles.

El propio niño es quien elige su objeto de apego, lo cual significa que ha encontrado algo especial, por lo que los padres no pueden imponer otro objeto. En realidad, ese objeto es la primera manifestación de un “yo” independiente que reconoce la existencia de otras cosas. De hecho, a menudo los objetos de apego son un indicador fehaciente de cómo interactuará el niño en el futuro con las personas pues no debemos olvidar que, para muchos pequeños, esos objetos tienen una vida propia.

Por tanto, los objetos de apego pueden cumplir tres funciones:

  1. Pueden indicar simplemente una fase en el desarrollo de un niño.
  2. Pueden ser un medio de defensa contra la ansiedad de separación.
  3. Pueden ser una herramienta de seguridad que les proporciona confort.

En la mayoría de los casos, aunque el objeto de apego se limite a ser la expresión de una fase del desarrollo, le genera la sensación de seguridad al niño, por lo que no es conveniente quitárselo. Esa relación afectiva le ayuda a enfrentar las dificultades y tensiones, además de reforzar el recuerdo del cariño de los padres cuando no se encuentran presentes. De hecho, el objeto transicional ayuda a los pequeños a ganar cierta independencia emocional de las figuras de apego.

Por desgracia, parece ser que en algunos contextos los padres piensan que esos objetos son inadecuados y limitan su uso. A algunos puede asustarles esa “dependencia” ya que los pequeños no se separan de su objeto transicional, lo llevan a todas partes y siempre debe permanecer a la vista.

Sin embargo, los padres deben ser conscientes de que privar a los niños de su objeto de apego puede hacer que sean más vulnerables a padecer problemas psicológicos. Lo usual es que después de los 4 años sea el propio pequeño quien se vaya desprendiendo de ese objeto, a medida que gana en seguridad y va ampliando sus redes sociales.

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