¿Tu hijo reclama continuamente tu atención? A qué se debe y cómo puedes actuar
Referencias científicas
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¿Tu hijo te pide jugar continuamente? ¿Quiere que le prestes atención cuando estás inmerso en otras tareas? ¿Te muestra cada cosa que hace? Estas son algunas de las estrategias que utilizan los niños para hacerse notar y llamar tu atención. Se trata de un comportamiento bastante habitual ya que es la manera en la que reclaman tu compañía mientras validan la confianza en sí mismos. Sin embargo, cuando estos reclamos se vuelven cada vez más frecuentes e incluso, recurren a los comportamientos negativos con tal de llamar tu atención, podría ser una señal de que algo no va bien.
¿Por qué tu hijo reclama tu atención todo el tiempo?
Los padres son el público perfecto para los más pequeños de casa. De ahí que sea normal que reclamen tu atención para que le eches un vistazo a su dibujo ya terminado o para que les veas mientras corren a toda velocidad. Esa atención les hace sentirse más seguros, lo cual es fundamental para su desarrollo emocional a medida que los niños crecen.
Sin embargo, hay ocasiones en las que ese reclamo de atención puede intensificarse debido a que los peques necesitan sentirse especialmente apoyados y reforzar su autoconfianza. Situaciones como una mudanza, un cambio de colegio, problemas escolares o la llegada de un hermano pueden convertirse en el detonante de este tipo de reclamo por parte de los niños. Es la manera que tienen algunos pequeños de transmitir que necesitan sentirse apoyados y que requieren más tiempo con sus padres.
En otros casos, el reclamo de atención obedece a un problema más complejo. A veces detrás de este comportamiento puede esconderse un niño inseguro que necesita continuamente la guía y aprobación de los adultos para sentirse confiados. En otras ocasiones, puede estar relacionado con una gran dependencia del juicio externo. Sucede sobre todo cuando el pequeño no ha desarrollado su pensamiento crítico y necesita la aprobación de quienes le rodean.
Sin embargo, también hay veces en las que el continuo reclamo de los niños es una consecuencia del estilo de crianza de los padres. Un estilo de crianza demasiado permisivo, en el que no existen límites claros, puede dar pie a que los niños se sientan el centro del universo y se comporten como si todo tuviese que girar en torno a ellos.
No obstante, apostar por un estilo demasiado autoritario o sobreprotector, en el que los peques no cuentan con suficiente autonomía, no es mejor. En estos casos, los niños reclamarán la atención parental porque no han aprendido a hacer las cosas por su cuenta y necesitan la aprobación de sus padres a cada paso que dan para saber que van por buen camino.
No obstante, existe otra causa que a menudo pasamos por alto y que también puede estar causando el reclamo exagerado de atención en los niños: la falta de tiempo. ¿Pasas suficiente tiempo con tus hijos? ¿Estás siempre que te necesitan? ¿Les prestas suficiente atención? Cuando los niños no se sienten lo suficientemente atendidos, buscarán la manera de llamar la atención de los padres de cualquier manera para disponer de todo el tiempo que no les están dando.
¿Cómo actuar cuando tu hijo reclama continuamente tu atención?
Ante el continuo reclamo de sus hijos, muchos padres apuestan por atender inmediatamente a sus demandas. Sin embargo, esto a veces puede ser contraproducente ya que cuando los niños se acostumbran a que satisfagan sus deseos en el momento, las demandas se pueden convertir en exigencias y el reclamo de atención transformarse en rabieta a causa de la frustración. Obviamente, la solución tampoco es ignorar a los niños. En estos casos, los niños pueden sentirse rechazados y marginados, lo cual hará mella en su autoestima.
La mejor solución consiste en cubrir sus necesidades, pero no inmediatamente. De esta manera, no solo les estaremos enseñando a regular su comportamiento sino también a desarrollar su tolerancia a la frustración. Sin embargo, esta no puede convertirse en una solución a largo plazo, también es importante abordar las causas que están provocando esta reacción en los niños y hacerles sentir más seguros y confiados. He aquí algunas estrategias que pueden ayudarte.
1. Practica la atención positiva
La mayoría de las veces solemos prestar más atención a los comportamientos negativos de los niños que a los positivos. Sin embargo, si cambiásemos el foco de atención hacia las conductas positivas infantiles y comenzásemos a recompensarlas, no solo las reforzaríamos, sino que inhibiríamos los comportamientos negativos al dejar de prestarles atención. Además, es muy sencillo de llevar a la práctica ya que unas simples palabras de aliento, una felicitación, un abrazo o un choque de manos es suficiente para hacerles saber a los niños que van por buen camino.
2. Dedícales tiempo suficiente
Los niños no solo necesitan nuestra atención sino también nuestro tiempo. Necesitan que juguemos con ellos, que escuchemos lo que tienen que decir y que pasemos tiempo junto a ellos. Por tanto, dedica al menos media hora al día a pasear con tus hijos en el parque, disfrutar de su pasatiempo favorito o escuchar cómo le ha ido el día en el cole. Y mientras lo haces, mantén el móvil, la tele o cualquier otro dispositivo apagado. Centra toda tu atención en ese momento y haz que tus hijos sientan que son lo más importante para ti en ese instante.
3. Demuéstrales tu cariño
No basta con querer a los niños, también es importante mostrarles nuestro cariño cada día. A fin de cuentas, no hay que tener un motivo para decir a los niños cuánto los queremos. Por tanto, no te canses de decírselo y asegúrate de llenar vuestros días de pequeñas muestras de cariño. Un abrazo, una nota simpática o un pequeño regalo hecho con tus propias manos, cualquier gesto es válido para hacer que tus hijos se sientan amados y aprendan a valorar los pequeños detalles de la vida desde una edad temprana.
Por último, no olvides la importancia de enseñar a los niños a expresar sus necesidades de manera asertiva. Bríndales algunas técnicas de relajación que le ayuden a controlar su ira y estrategias para desarrollar una mayor tolerancia a la frustración. Así no solo les estarás enseñando a regular su comportamiento, sino que les estarás preparando para el futuro.
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