Los niños necesitan padres reales, y éstos también lloran

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Vivimos en una sociedad competitiva donde parece que ser los primeros en todo es lo más importante. Hay que ser fuertes ante cualquier adversidad y por eso, los niños deben tener siempre sobresalientes en la escuela, sin importar cuáles son sus circunstancias personales o emocionales. A los niños solo se les prepara para afrontar el éxito, para que ganen. Perder está mal visto, y llorar también.

Llorar parece que es de débiles y por eso, hay que ser el mejor… ¡hay que anular las emociones para que no entorpezcan el camino! Nada más lejos de la realidad. Las emociones son necesarias para crecer, para alcanzar el éxito, para que todo marche bien. Las competiciones en las escuelas para niños de 7 años (por ejemplo) deberían estar prohibidas. Ellos no están preparados para aguantar ese nivel de ansiedad. Además, si uno gana… todos los demás se sentirán perdedores.

La vida está llena de fracasos

Es necesario preparar a nuestros hijos para la frustración y el fracaso, porque la vida está llena de ello. No hacerlo es poner en peligro su salud mental, algo por lo que a la larga, podrían tener que pagar una factura demasiado alta. La vida está llena de obstáculos, de momentos de duelo, de soledad… Y pasar por ello no nos hace débiles, todo lo contrario. Es necesario aceptar las emociones, sentirlas y ponerles nombre para que los fracasos no ahoguen la mente de las personas ni las llenen de oscuridad.

El perfeccionismo no existe, así que lo mejor es dejar de buscarlo. Vivimos en un mundo caótico lleno de emociones intensas y es hora de comenzar a educar a los niños en esto para que, en el futuro, puedan tolerar bien sus fracasos y darse cuenta que en ocasiones, los errores son los mejores maestros.

Si esto no lo hacemos, no estaremos preparando a los niños para afrontar dificultades. La depresión infantil y la ansiedad, son problemas reales que nublan la mente aún sin desarrollar de niños y adolescentes. Esto hace que se conviertan en adultos con problemas emocionales severos. Es triste que existan niños de apenas 9 años que se les diagnostique depresión o trastorno de ansiedad cuando su vida, en principio, está con todas sus necesidades bien cubiertas y tienen una familia que les quiere por encima de todo.

¡Deja que pierda y dile que no pase nada!

No tiene que ser importante si tu hijo no es el más rápido en matemáticas o si pierde el concurso de lectura en la escuela. Tampoco pasa nada si su equipo pierde o si en una competición de ciclismo queda de los últimos. Lo que importa es trabajar su felicidad, verle sonreír y que se dé cuenta de que la vida merece la pena ser vivida. La vida está para disfrutarla y para que, aquellos reveses que nos da inevitablemente… se acepten con tesón, porque la vida es eso: caos y maravilla.

En este sentido, resulta fundamental trabajar la Inteligencia Emocional desde que los niños llegan a este mundo, y éste, debería ser toda una prioridad para los padres. Es imprescindible que los padres se desvivan para que sus hijos muestren sus emociones, para que hablen de sus debilidades, para que sean capaces de encontrar soluciones a sus problemas, sean cuáles sean y tengan la edad que tengan.

Es necesario que los padres creen a niños que sean autosuficientes emocionalmente… porque no pasa nada por suspender un examen o no ser el primero de la clase si ha habido un esfuerzo constante para mejorarse uno mismo, y sin comparándose con los demás.

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El esfuerzo y las emociones

El esfuerzo, la entrega y la pasión, la generosidad por uno mismo y por los demás, la lucha, la solidaridad o la lealtad… todo esto es el premio real. Son valores necesarios para la vida, para todos… Y que se deben enseñar a los niños desde su más tierna infancia. Para ello, es importante prepararles para el fracaso, la decepción, el caos… Porque es parte de la vida.

Prepara a tus hijos para que sean capaces de afrontar las dificultades, para fortalecer su autoestima, para que puedan tener una buena capacidad resolutiva, que tengan una actitud positiva ante la vida, que tengan un espíritu de lucha… de superación. Que los reveses de la vida no se conviertan en enfermedades mentales que puedan acabar con su vida.

Los padres no somos máquinas

Los padres no somos máquinas, y nuestros hijos tampoco. No eres un todoterreno que puede con todo. También lloras, también te cansas y no siempre tienes que intentar que todo esté perfecto. Tienen que aprender que la debilidad no es algo malo y que a veces, debemos permitirnos sentirnos débiles para poder avanzar sintiéndonos más fuertes, a sabiendas de que no somos perfectos.

Permite que tus hijos te vean llorar y que lo vean como algo natural cuando necesitas hacerlo. Si estás pasando por algunas dificultades emocionales y necesitas llorar, no es de cobardes ni de débiles hacerlo. Todo lo contrario. Si lloras es porque eres fuerte y has decidido sentir tus emociones para entender qué necesitas en cada momento y éste es un gran aprendizaje.

De esta manera, tus hijos aceptarán sus emociones y sacarán toda su fuerza para superar los obstáculos de la vida, sin querer abandonar demasiado rápido. Sabrán que la felicidad no se encuentra en nada exterior, sino dentro de uno mismo. Recuerda que tus hijos no necesitan que seas perfecto/a, solo necesitan padres reales.

Enseña a tus hijos a disfrutar de la vida, a disfrutar de los placeres sencillos, no llenes sus días de límites o de reglas… Elogia su buena conducta y llena sus días de besos, abrazos y mucho amor. No premies con juguetes, si se equivoca no te enfades, permite que rectifique… tú también te equivocas, todos somos humanos.

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