7 consecuencias de la crianza tóxica para los niños

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La mayoría de los padres intentan dar lo mejor de sí al educar a sus hijos. Sin embargo, las buenas intenciones no siempre son suficientes y en algunos casos hay padres que terminan asumiendo estilos educativos que, lejos de hacerles bien a sus hijos, generan heridas emocionales muy profundas y dañan la autoestima infantil. A veces incluso asumen comportamientos que llegan a ser tóxicos para sus hijos y que lastran su adecuado desarrollo social y emocional.

¿Cómo afectan los comportamientos tóxicos de los padres a sus hijos?

Ser hipercrítico, inculcar miedo o culpa en los niños o condicionar el amor a determinados logros son algunos de los comportamientos más típicos de los padres tóxicos. En otros casos lo que genera la toxicidad parental es la falta de límites claros, el rechazo a las emociones negativas o la coacción de la libertad de decisión infantil.

En cualquier caso, el resultado es muy similar: niños con baja autoestima, incapacitados emocionalmente y que cargan con una pesada carga de culpa y miedo a sus espaldas. Estas son las principales consecuencias para el desarrollo infantil de los comportamientos tóxicos de los padres:

1. Sufren de baja autoestima

Muchos de los niños cuyos padres son hipercríticos y muy exigentes suele desarrollar una baja autoestima y autovaloración. Sometidos a una crítica constante e incisiva, estos pequeños suelen perder la confianza en ellos mismos y experimentar una profunda sensación de fracaso que, a la larga, se convertirá en un obstáculo para desarrollar todo su potencial y convertirse en las personas que realmente quieren ser. En otros casos, pueden convertirse en auténticos perfeccionistas o personas muy exigentes consigo mismas, incapaces de abrazar sus propios defectos y errores.

2. Tienen un desequilibrio emocional marcado

Vivir sometidos a una represión emocional constante, sobre todo de las emociones negativas termina incapacitando a los niños para expresar lo que realmente sienten. A largo plazo, se convierten en personas que tienen miedo a sentir, abrirse a nuevas experiencias y mostrarse tal y como son. De hecho, no es extraño que los niños que no han podido canalizar abiertamente sus emociones sean más vulnerables a desarrollar alteraciones emocionales como la ansiedad y la depresión o que tengan problemas para establecer relaciones profundas con los demás.

3. Son inseguros y dependientes

Hay padres que piensan que los niños no saben ni deben decidir y, como consecuencia, imponen sus puntos de vista y toman todas las decisiones por sus hijos. Sin embargo, lejos de ayudarles, lo cierto es que están educando a niños inseguros, incapaces de tomar sus propias decisiones y dependientes emocionalmente. Lo peor es que, al crecer, se convertirán en adultos vulnerables y fácilmente manipulables que serán incapaces de tomar las riendas de su vida porque nunca aprendieron a hacerlo.

4. Tienen miedo de la vida

Cuando los padres sobreprotegen demasiado a sus hijos y les enseñan a tener miedo de la vida están criando a niños temerosos, que no confían en sus capacidades y que prefieren quedarse en su zona de confort antes de salir a explorar y cometer sus propios errores. Al final, estos niños se convierten en adultos que no arriesgan y que no se atreven a ir tras sus metas y sueños en la vida porque tienen miedo a fallar y equivocarse.

5. Viven con una sensación de culpa constante

Hay padres que culpan a sus hijos por no haber terminado sus estudios, el fracaso de su matrimonio o su estancamiento laboral. Básicamente, convierten a los niños en los responsables de su felicidad o infelicidad. Sin embargo, crecer bajo la pesada carga de la culpa no es fácil, por lo que es habitual que al crecer estos niños se sientan culpables por lo que les ha tocado vivir a sus padres, pero también a su pareja, amigos y aquellos que les rodean. Esto les convierte en personas dependientes de la aprobación de los demás e incapaces de anteponer sus propios deseos y necesidades a los ajenos.

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6. Se sienten indignos de ser amados

Cuando los padres condicionan el amor de sus hijos a determinados comportamientos o logros, les están transmitiendo a los niños el mensaje de que no les aman por lo que son sino por lo que hacen. ¿El resultado? Niños que no se sienten merecedores del cariño y respeto de los demás porque se sienten indignos de ser amados. Al final, estos niños terminan convirtiéndose en adultos perfeccionistas que creen que su verdadero valor radica en sus logros y que no son capaces de amarse plenamente con sus virtudes y defectos.

7. Llevan una vida desorganizada

Los límites y las reglas no solo sirven para mantener a salvo a los niños sino también para conferirle un orden a su vida. Por eso, cuando los padres evitan establecer límites en la educación de sus hijos, en realidad le están causando un gran daño. Al crecer, estos niños tendrán problemas para adaptarse a nuevos entornos, convivir de manera armónica con otras personas o seguir las reglas. De hecho, muchos de estos pequeños suelen crecer y convertirse en adultos desorganizados, sin metas claras en la vida y con dificultades para integrarse en el mundo que les rodea.

¿Cómo mantener a los niños a salvo?

La mejor manera para proteger a los niños y mantenerles a salvo de las consecuencias de una crianza tóxica es ponerle freno a los comportamientos que pueden afectar su desarrollo. Sin embargo, esto no siempre es fácil, sobre todo cuando los padres no son conscientes de que su educación puede dañar a sus hijos.

En estos casos, conviene repasar nuestras palabras, actitudes y modos de relacionarnos con nuestros hijos. Si no eres capaz de hacerlo solo, puedes consultarlo con tu pareja o un experto que te ayude a identificar tu estilo educativo y a ponerle coto a los comportamientos que pueden estar afectando a los niños. No es una tarea fácil, e incluso, es probable que debas cambiar muchos de los patrones educativos que dabas por sentado, pero si en realidad quieres a tus hijos y estás dispuesto a intentarlo, podrás convertirte en el padre o madre que realmente quieres ser.

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