¿Cómo dejar de perder la paciencia con los niños?

Estrategias para dejar de perder los nervios con tus hijos

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Los niños no vienen con un manual de instrucción bajo el brazo, por lo que la mayoría de los padres aprenden a criar a sus hijos sobre la marcha. Como probablemente sabrás, no siempre es fácil. Sin embargo, aunque existen muchísimos obstáculos y dificultades a las cuales enfrentarse en el camino, la mayoría de los padres reconocen que el principal problema con el que tienen que lidiar en la educación de sus hijos es la paciencia. Perder los nervios con los hijos es una situación bastante común en muchas familias.

Vivimos en una sociedad que exige demasiado de nosotros. El trabajo, las tareas del hogar y los compromisos sociales nos roban la mayor parte de nuestro tiempo y consumen nuestra energía, por lo que hay día que nos despertamos ya agotados. El problema es que esa fatiga acumulada afecta nuestro autocontrol, nos deja con los nervios a flor de piel y terminamos perdiendo la paciencia con más facilidad.

La buena noticia es que, aunque no puedas cambiar tu entorno de la noche al día, existen algunos trucos que te devuelven el control sobre tus emociones, desarrollan tu paciencia, te ayudan a comprender mejor a tus hijos y a crear un ambiente más positivo en tu hogar.

5 trucos para dejar de perder los nervios con los niños

Para convertirse en buenos padres y madres no basta con amar a los niños y dedicarles tiempo y atención, también es importante aprender a tener paciencia con ellos. He aquí algunas herramientas prácticas y sencillas que pueden ayudarte a ser más tolerante y comprender mejor a los más pequeños de casa.

1. No te exijas demasiado

Para aprender a tener paciencia con los niños, el primer paso consiste en pensar un poco más en ti y reajustar tus expectativas. Pregúntate si te estás exigiendo mucho o si estás exigiendo demasiado a tus hijos. Quizá solo sea cuestión de ralentizar el ritmo, reducir tus expectativas y asumir que algunas cosas no serán perfectas y que no pasa nada por ello.

Educar a un hijo no es una tarea fácil, por lo que evita ser tan rígida/o contigo misma/o. Cuando dejes de exigirte tanto, sentirás que tu nivel de estrés y ansiedad se reduce y vuelves a tener las riendas de tu vida.

2. Aprende a priorizar

¿Sueles tener tu jornada llena de tareas que solo ocupan tu tiempo y energía pero que en realidad no son relevantes? Si te sucede a menudo, es probable que te sientas agobiada/o la mayor parte del día y llegues a la noche muy cansada/o. Esto no solo empeorará tu estado de salud y afectará tu equilibrio mental, sino que te hará perder la paciencia con más facilidad.

Para evitarlo, lo que debes hacer es sencillo: aprende a priorizar. Analiza tu jornada y enfócate en aquellas tareas que son realmente importantes mientras eliminas aquellas que no son imprescindibles o prioritarias. Una estrategia muy sencilla que puede ayudarte consiste en planificar tu día. Piensa en todas las tareas importantes que tienes que hacer a lo largo de la jornada, calcula cuánto tiempo y energía te consumirá cada una de ellas y date un margen para tener en cuenta los imprevistos que puedan ocurrir. Si te sobra tiempo, completa con aquellas tareas menos relevantes o simplemente dedica esas horas a pasar más tiempo en familia.

3. Identifica tus disparadores

Todos tenemos un límite y somos particularmente propensos a perder los nervios en las situaciones que sobrepasan esos límites. Aprender a identificarlos y reconocer los factores que te hacen perder la paciencia con más facilidad no solo te ayudará a mantener el control, sino que te permitirá conocerte mejor.

Para identificar esos factores desencadenantes pregúntate en qué situaciones sueles perder los nervios. ¿Te suele incomodar un comportamiento particular de tus hijos? ¿Pierdes la paciencia con más facilidad cuando estás ocupada/o o cuando estás tranquila/o y te molestan? ¿Pierdes los nervios más rápidamente cuando tus hijos no te hacen caso o cuando están sobre ti continuamente? El siguiente paso tras conocer esos factores consiste en intentar evitarlos y, si no puedes, echa mano a algunas herramientas de autocontrol, como los ejercicios de respiración, para que recobres el poder sobre tus emociones.

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4. Detente antes del punto de no retorno

El punto de no retorno es ese momento en el que pierdes la paciencia, ya no puedes controlar tus emociones ni tu comportamiento y gritas a tus hijos. Para evitar llegar a ese extremo, el primer paso consiste en ser consciente de tus emociones desde el momento en que surge un factor desencadenante.

¿Qué sientes? ¿Tu ira va en aumento? ¿En qué estás pensando? Para evitar que esa espiral de pensamientos y emociones negativas siga aumentando, evita centrarte en lo negativo de las circunstancias y en su lugar, piensa en algo positivo que ayude a tu cerebro a ir en otra dirección. Una estrategia muy sencilla que puede ayudarte a salir de ese bucle negativo consiste en respirar lenta y profundamente.

5. Recarga tus energías

Si te levantas ya cansada/o y apenas te dan las fuerzas para llegar al final de la jornada, quizá sea momento de tomar una pausa para recargar energías. Ten en cuenta que, si estás agotada/o no solo se resentirá tu salud física y emocional, sino que será más fácil que pierdas la paciencia y las personas que te rodean terminarán pagando las consecuencias.

Para recobrar las fuerzas quizá tengas que reducir tus compromisos sociales y dedicarte más tiempo a ti misma/o o, por el contrario, reunirte más con tus amigos para despejar la mente. Pedir ayuda al resto de la familia, repartir de manera más equitativa las tareas del hogar y dedicar al menos un día a la semana a hacer algo que realmente te guste también es una buena manera de recobrar tu energía.

En cualquier caso, aunque pongas en práctica estas estrategias a veces es normal perder los nervios y la paciencia con los niños. Somos humanos y nos equivocamos. Sin embargo, lo importante es reconocerlo e intentar reparar el daño causado. Por tanto, si has reaccionado de manera exagerada, pide perdón a los niños y habla sobre lo sucedido. De esta manera no solo podrás fortalecer los lazos familiares, sino que te convertirás en un ejemplo de gestión emocional para los más pequeños de casa.

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