Fábulas de Samaniego para niños

Fábulas de Samaniego

Las fábulas son un recurso excelente para educar a los niños de una manera entretenida y diferente. Se trata de cuentos breves cuyos protagonistas suelen ser animales o elementos inanimados a los que se les confieren características humanas con el objetivo de resaltar algunos comportamientos y transmitir determinadas enseñanzas y valores.

Constituyen una herramienta muy eficaz para promover la reflexión en los niños y estimular su pensamiento crítico, a la vez que dan rienda suelta a su imaginación y potencian su creatividad. En este sentido, las fábulas de Samaniego son un buen recurso para familiarizar a los niños mayorcitos con este tipo de relato ya que además de ser cortas y estar llenas de enseñanzas, incluyen un amplio vocabulario y exigen un mayor nivel de comprensión.

¿Quién fue Samaniego? El legado del famoso fabulista

Félix María de Samaniego, más conocido como Samaniego, fue un prestigioso escritor y fabulista alavés y un destacado representante de la literatura española del siglo XVIII. Fuertemente influenciado por la literatura francesa ya que cursó estudios en este país, en sus fábulas Samaniego recurre a la ridiculización de los defectos humanos siguiendo el ejemplo de grandes fabulistas como Esopo o La Fontaine.

Sin embargo, un poco avanzada su carrera y bajo el modelo de Fedro, Samaniego termina por prescindir en sus fábulas del tono ingenuo que dotara Esopo a las suyas y se centra en las críticas veladas contra comportamientos y actitudes sociales. De ahí que sus fábulas estén cargadas de tantas enseñanzas y valores positivos que pasan de una generación a otra sin perder su vigencia.

Vale destacar que la primera colección de sus fábulas, 157 relatos distribuidos en 9 libros, se publicó en Valencia en 1782, aunque desde mucho antes ya leía sus obras en la Sociedad Bascongada de Amigos del País, de la que fue miembro. A esta primera edición le han seguido muchas otras que se han dado a la tarea de transmitir sus palabras a cada nueva generación.

3 fábulas de Samaniego para leer a los niños

La obra de Samaniego atesora muchísimas fábulas escritas para los niños, pero hay algunas que destacan por su valor literario y sus particulares enseñanzas. He aquí algunas de las fábulas más populares e interesantes de Samaniego que todo niño debería leer.

Las dos ranas

Tenían dos Ranas
Sus pastos vecinos,
Una en un estanque,
Otra en el camino.
Cierto día a ésta
Aquélla le dijo:
«¡Es creíble, amiga,
De tu mucho juicio,
Que vivas contenta
Entre los peligros,
Donde te amenazan,
Al paso preciso,
Los pies y las ruedas
Riesgos infinitos!
Deja tal vivienda;
Muda de destino;
Sigue mi dictamen
Y vente conmigo.»
En tono de mofa,
Haciendo mil mimos,
Respondió a su amiga:
«¡Excelente aviso!
¡A mí novedades!
Vaya, ¡qué delirio!
Eso sí que fuera
Darme el diablo ruido.
¡Yo dejar la casa
Que fue domicilio
De padres, abuelos
Y todos los míos,
Sin que haya memoria
De haber sucedido.
La menor desgracia
Desde luengos siglos!»
«Allá te compongas;
Más ten entendido
Que tal vez sucede
Lo que no se ha visto.»
Llegó una carreta
A este tiempo mismo,
Y a la triste Rana
Tortilla la hizo.
Por hombres de seso
Muchos hay tenidos,
Que a nuevas razones
Cierran los oídos.
Recibir consejos
Es un desvarío;
La rancia costumbre
Suele ser su libro.

El ratón de la corte y el del campo

Un Ratón cortesano
Convidó con un modo muy urbano
A un Ratón campesino.
Diole gordo tocino,
Queso fresco de Holanda,
Y una despensa llena de vianda
Era su alojamiento,
Pues no pudiera haber un aposento
Tan magníficamente preparado,
Aunque fuese en Ratópolis buscado
Con el mayor esmero,
Para alojar a Roepan primero.
Sus sentidos allí se recreaban;
Las paredes y techos adornaban,
Entre mil ratonescas golosinas,
Salchichones, perniles y cecinas.
Saltaban de placer, ¡oh qué embeleso!
De pernil en pernil, de queso en queso.
En esta situación tan lisonjera
Llega la Despensera.
Oyen el ruido, corren, se agazapan,
Pierden el tino, mas al fin se escapan
Atropelladamente
Por cierto pasadizo abierto a diente.
«¡Esto tenemos! dijo el campesino;
Reniego yo del queso, del tocino
Y de quien busca gustos
Entre los sobresaltos y los sustos»
Volvióse a su campaña en el instante
Y estimó mucho más de allí adelante,
Sin zozobra, temor ni pesadumbres,
Su casita de tierra y sus legumbres.

La lechera

Llevaba en la cabeza
una Lechera el cántaro al mercado
con aquella presteza,
aquel aire sencillo, aquel agrado,
que va diciendo a todo el que lo advierte
«¡Yo sí que estoy contenta con mi suerte!»
Porque no apetecía
más compañía que su pensamiento,
que alegre la ofrecía
inocentes ideas de contento,
marchaba sola la feliz Lechera,
y decía entre sí de esta manera:
«Esta leche vendida,
en limpio me dará tanto dinero,
y con esta partida
un canasto de huevos comprar quiero,
para sacar cien pollos, que al estío
me rodeen cantando el pío, Pío.
Del importe logrado
de tanto pollo mercaré un cochino;
con bellota, salvado,
berza, castaña engordará sin tino,
tanto, que puede ser que yo consiga
ver cómo se le arrastra la barriga.
Llevarélo al mercado,
sacaré de él sin duda buen dinero;
compraré de contado
una robusta vaca y un ternero,
que salte y corra toda la campaña,
hasta el monte cercano a la cabaña.»
Con este pensamiento
enajenada, brinca de manera
que a su salto violento
el cántaro cayó. ¡Pobre Lechera!
¡Qué compasión! Adiós leche, dinero,
huevos, pollos, lechón, vaca y ternero.
¡Oh loca fantasía!
¡Qué palacios fabricas en el viento!
Modera tu alegría,
no sea que saltando de contento,
al contemplar dichosa tu mudanza,
quiebre su cantarillo la esperanza.
No seas ambiciosa
de mejor o más próspera fortuna,
que vivirás ansiosa
sin que pueda saciarte cosa alguna.
No anheles impaciente el bien futuro;
mira que ni el presente está seguro.

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