¿Vives en la “happycracia”?

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Cuando hacemos referencia a la “happycracia”, nos referimos a la necesidad de ser feliz, o de al menos, demostrarlo a los demás. Esto genera una sociedad cargada de hipocondriacos emocionales. Algo que puede llegar a ser peligroso porque en crianza, los padres intentan enseñar a sus hijos la importancia de ser feliz a toda costa.

En realidad, esto de ser feliz al 100% los 365 días del año, no es algo que pueda ser real en absoluto. La vida está llena de altibajos y es normal que hayan días más felices y otros menos… por lo que es importante enseñar a los niños a enfrentarse a las adversidades siendo realistas en el día a día. Porque ser feliz no es una meta, es un camino, y para poder darle sentido, también es necesario pasar por emociones menos placenteras.

La felicidad como un negocio peligroso

En nuestra sociedad la felicidad se ha convertido en un negocio peligroso. Solo tienes que ver los anuncios de televisión un rato para ver cómo manipulan las empresas para hacerte creer que comprando sus productos serás más feliz que si no los tienen. Fomentan el consumismo indicando que es la única forma para llegar a la felicidad, cuando en realidad, nada tiene que ver.

La psicología positiva ha introducido el término de la felicidad en lo más alto por todo el mundo, hay muchos libros de autoayuda que intentan hacerte creer que la felicidad está en tu mente y que nada tiene que ver con las circunstancias de la vida. Que puedes ser feliz pase lo que pase, todo el tiempo. Esto es una utopía, porque aunque es cierto que la vida la puedes sentir mejor o peor dependiendo de tu propia percepción de los acontecimientos… no se puede estar feliz el 100% del tiempo.

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El bienestar del siglo XXI

Parece que en este siglo la sociedad está obligada a ser resiliente y condenada si no sabe sentirse bien o reponerse a las dificultades. Los expertos no están en contra de la felicidad, por supuesto que no, sino que no creen que esta visión reduccionista de la buena vida y la felicidad pueda ser tan cierta como para que las personas la sigan sin consecuencias emocionales futuras.

En la actualidad se dice que las personas deben tener un estilo de vida para que se den cuenta que si se tienen éxitos o fracasos depende de las emociones, pensamientos y actitudes de las personas y no tanto de las cuestiones sociales… No importa ni el dinero, ni el nivel cultural y educativo… parece que todo está en la mente y claro, ya hay muchos detractores de esta forma de pensar.

En realidad vivir de esta manera obsesiva hacia la felicidad solo condiciona a las personas a padecer más ansiedad y depresión, porque si por cualquier motivo no consiguen esta forma de sentir plena y feliz, se sienten fracasados y frustrados.

Cuidado con generalizar

Muchos dicen que un trabajador con estrés está mal emocionalmente porque no sabe gestionar sus emociones, pero quizá se olvidan de otras variables externas como que su situación laboral sea precaria, insegura o competitiva. Aunque es cierto que si algo no te gusta debes cambiarlo, para poder sentir que no te gusta debes pasar por emociones negativas y así transformarlas.

Las emociones se sienten como negativas, pero en realidad no son positivas o negativas, son necesarias. Todas son importantes porque nos ayudan a entendernos, a saber si estamos bien o si hay algo que debamos cambiar para estar mejor. La felicidad consiste en disfrutar del presente, porque éste es un regalo de la vida, pero a sabiendas que hay dificultades que se deberán superar, aunque eso implique tener momentos de malestar emocional.

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