La infelicidad de los padres también afecta a los niños

¿Cómo gestionar los conflictos en pareja para afectar a los hijos lo menos posible?

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La mayoría de las parejas, cuando se casan, piensan que será para toda la vida. Sin embargo, hay veces que las cosas se tuercen y uno de los dos, o ambos, se dan cuenta que la persona que tienen al lado no es aquella con la que quieren pasar el resto de sus vidas. A partir de ese momento, es normal que la ilusión se desvanezca y empiecen a ganar terreno las frustraciones, la indiferencia, los problemas cotidianos y el distanciamiento familiar. Y mientras los padres se encuentran sumidos en ese carrusel de emociones, los hijos son quienes suelen pagar las consecuencias.

Los efectos de unos padres distantes e infelices en el desarrollo infantil

Por lo general, tenemos la tendencia a responsabilizar del sufrimiento de los niños en el hogar a las peleas, los gritos y las discusiones entre los padres. Solemos pensar que si los hijos no son testigos de estos conflictos, no sufrirán las consecuencias de los problemas de los adultos. Sin embargo, los niños son mucho más sensibles de lo que pensamos y no solo son vulnerables a los conflictos manifiestos sino que también les afectan los silencios, la indiferencia y las frustraciones ocultas de sus padres.

De hecho, ¿sabías que la indiferencia y el distanciamiento entre los padres pueden generar alteraciones de conducta en los hijos? Lo constató una revisión científica realizada en la Universidad de Granada en la que se analizó el efecto de una relación paternal infeliz en el desarrollo infantil. Los resultados revelaron que los niños cuyos padres tenían discusiones frecuentes y estaban distanciados mostraban un riesgo más elevado de desarrollar problemas de agresividad y conductas delictivas. Por desgracia, esa no es la única consecuencia de los problemas familiares en los niños, existen otros efectos menos conocidos, pero igual de perjudiciales.

1. Problemas emocionales

Un estudio realizado en la Universidad de Notre Dame analizó la seguridad emocional en niños cuyos padres padecían depresión. Tras evaluar año tras año a casi 300 familias, los investigadores encontraron que los niños cuyos padres no eran felices tenían un riesgo mayor a desarrollar una baja autoestima e inseguridad dos años después del acontecimiento paternal. Asimismo, los niños que viven en un entorno familiar complicado suelen desarrollar ansiedad, a la vez que son más propensos a reaccionar de manera agresiva e irritable y a experimentar sentimientos de culpa.

2. Alteraciones fisiológicas

Una investigación llevada a cabo en la Universidad de Rochester reveló que vivir en un entorno familiar conflictivo también puede causar cambios fisiológicos en los niños. De hecho, se encontró que los pequeños que se exponen con frecuencia a la ira entre sus padres y que son testigos de su infelicidad tienen una mayor frecuencia cardiaca y presión arterial sistólica, lo cual obviamente puede evolucionar hacia enfermedades mucho más serias. En gran parte, se debe a la excesiva producción de cortisol, la hormona del estrés, la cual es conocida por sus múltiples efectos negativos para la salud.

3. Inmadurez cognitiva

Un estudio realizado en la Universidad de Cardiff encontró que los conflictos parentales también pueden repercutir en el éxito académico de los niños a corto y largo plazo. Los investigadores explican que esto puede estar relacionado con los sentimientos de baja autoestima y culpabilidad que experimentan estos niños, los cuales pueden influir en su adecuado desarrollo cognitivo. Sin embargo, también se conoce que los niños que no pasan mucho tiempo con sus padres presentan un retraso en el desarrollo cerebral, ocasionado por un retardo en la formación de la mielina, la sustancia que recubre las neuronas y que participa en la conectividad neuronal durante la adquisición de nuevos conocimientos.

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¿Cómo evitar que la infelicidad y los problemas de los padres hagan mella en los hijos?

No existe una fórmula ideal para mantener a los niños al margen de los conflictos entre los padres y su infelicidad, pero existen algunas claves que se pueden poner en práctica para minimizar las consecuencias de estos problemas en los pequeños.

  • Si tienes problemas con tu pareja, intenta solucionar el conflicto en un lugar privado para evitar que los niños te escuchen. Aunque a veces puedan parecer maduros para su edad, hay muchas cosas que probablemente no entenderían.
  • En cualquier caso, evita siempre que sea posible las peleas, los gritos y las reacciones violentas ya que no solo le hacen daño a tus hijos sino también a la relación. Mantener una conversación tranquila en la que cada uno pueda exponer sus puntos de vista mientras el otro escucha es siempre la mejor solución y, además, le estaréis dando una gran lección a los niños.
  • Si los niños preguntan sobre los problemas que tenéis, explícales que a veces en las relaciones entre las personas no todo es color de rosa y que en ocasiones es importante hablar sobre los detalles que a uno no le gustan del otro. En este caso, es fundamental hacer hincapié en la necesidad de resolver los conflictos desde el respeto mutuo y teniendo en cuenta el criterio de ambas personas involucradas.
  • Evita en cualquier circunstancia obligar a los niños a tomar partido a favor de ti o tu pareja o buscar su apoyo tras una discusión. Es importante hacerle ver al niño que seguís siendo una familia y que los problemas de pareja no afectan la relación padre/madre e hijo.
  • De la misma manera que debes evitar discutir con tu pareja delante de los niños, no debes recurrir a la indiferencia y la falta de comunicación en el hogar. Tanto una como otra reacción desvela una inestabilidad emocional que los niños percibirán y le crearán una gran incertidumbre.
  • Si los niños presencian una discusión, una vez que se hayan calmado los ánimos, explícales lo que ha sucedido de una manera sencilla que ellos sean capaces de comprender. Es importantes hacerles saber que ya no estáis enfadados y que, independientemente de que os peleéis, en ningún momento estuvisteis resentidos con ellos.

Si no podéis solucionar los problemas en pareja por vuestra cuenta, siempre tenéis la opción de buscar ayuda profesional. Sin embargo, si los problemas persisten y pensáis que ya no tienen solución, quizá ha llegado el momento de valorar la posibilidad de tomar caminos independientes. A los más pequeños de casa les resultará complicado hacerse la idea de que sus padres están separados, pero cuando entiendan que sois más felices cada uno por su lado, empezarán a aceptarlo. A fin de cuentas, los niños necesitan a sus padres felices, no juntos.

Referencias

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