Es una maravilla no ser siempre la prioridad

Es una maravilla no ser siempre la prioridad

Todos hemos estado allí alguna vez, cuando la vida consistía en preocuparse por uno mismo porque las únicas responsabilidades que teníamos era limpiar la casa, quizá de algunos parientes cercanos también, sacar buenas notas en lo que se estuviese estudiando y tener algo de dinero en los bolsillos para los gastos propios. Poco más. Una vida idílica que algunos incluso consideraban demasiado ‘dura’.

Una vida pasada que se recuerda con nostalgia

En realidad muchos padres recuerdan esa vida con nostalgia, pensando en todas esas mañanas que podían dormir a pierna suelta, que no había más preocupación que ellos mismos. Cuando una persona tiene hijos la vida le cambia por completo, puesto que de repente la vida deja de ser únicamente uno mismo y comienzan a cobrar más importancia las personitas que corretean alrededor.

Ya no hay viajes sin pensar antes en los hijos, ni comprar ropa sin haber comprado ropa antes a los hijos… tampoco hay vacaciones donde los niños no sean los protagonistas. Porque ser padre y madre es eso, anteponer a los hijos a uno mismo ante las necesidades.

Quizá tengas alrededor de 30 años y te compares con tus iguales sin hijos. Ellos tienen tiempo para irse de viaje, para ‘disfrutar’ de la vida, para ir al gimnasio o salir a correr. Van a comprar sin prisas, paseando tranquilamente por los pasillos. Ellos saben aún qué significa salir de fiesta sin remordimientos o sin tener que dejar a los niños con canguros para poder salir un rato (y solo un rato, porque te sientes mal y te vuelves ya que si tus hijos te necesitan y no estás, el sentimiento de culpa puede ser abismal).

En cambio tú, cuando vas a comprar sales corriendo detrás de tus hijos, cuando estás de vacaciones ‘disfrutas’ con tus ojos pegados a tus hijos todo el tiempo, cuando sales a pasear lo haces para ir al parque y vigilando a tus hijos mientras juegan o haciendo de sargento porque debes poner orden en una disputa infantil. En tu bolso siempre hay toallas, biberones, chupetes o juguetes. Disfrutas también de la vida, pero de otra manera.

Tu vida no es igual que la vida de quien no tiene hijos

Tu vida no es igual que la vida de quien no tiene hijos

Es cierto, quizá tu vida no sea igual que la de esas personas de tu misma edad que no tienen hijos. Tenerlos es una opción y cuando se decide criar es porque se sabe que la vida va a cambiar. No significa que tu vida sea diferente, no es ni mejor ni peor, simplemente es una forma diferente y maravillosa de disfrutar de la vida.

Es cierto que no te puedes relajar ni un momento cuando estás con tus hijos (excepto cuando están durmiendo y a veces ni eso, porque cuando duermen si están malitos también te necesitan). Es posible que estés cansado todo el tiempo, las vacaciones en familia te cansan más que trabajar todo el año, no puedes leer tranquilo y tus libros se amontonan.

Es una maravilla no ser la prioridad. Quienes no tienen hijos no lo entenderán, pero si los tienes sabrás que no ser tu prioridad es lo más bonito que te ha pasado en la vida. Tus hijos te necesitan casi como el respirar. Sabes que debes cuidarte primero emocionalmente para poder cuidar a tus hijos mejor, y aunque pienses que cuando te dedicas tiempo lo haces por ti, en realidad también lo haces por tus hijos, porque te necesitan feliz para hacerles felices.

Tus horarios y tu vida la marcan tus hijos… Y así es tu vida. No será fácil y sí será cansada. Pero es la vida que has elegido vivir y te encanta. Porque cada mañana tus hijos te abrazan, te sonríen y te dicen lo importante que eres para ellos. Eso, eso no hay ni dinero ni tiempo libre en el mundo que lo pague. Disfruta de cada segundo, porque los hijos crecen y volverás a tener tiempo para ti… y echarás de menos no tenerlo.

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