La ausencia de una madre siempre duele en el corazón

muerte madre

No importa la edad que tengas, tampoco la edad que tuviera tu madre… cuando ella ya no puede estar más a tu lado, dejas tu infancia para siempre… ya no sientes esa protección tan especial que solo una madre te ofrece mientras vive. Dejas de ser niño/a y debes madurar a pasos agigantados en todas las facetas de tu vida.

No es fácil despedirse de una madre, aunque haya vivido 100 años, aunque tengas tú 80… No importa. Una madre siempre es una madre y cuando ella ya no está, todo cambia, todo se desmorona. Tu mundo deja de ser el que era, todo se vuelve oscuro. Debes volver a construir tu mundo sin su ayuda, sin su orientación, sin el amor que era capaz de darte siempre que lo necesitabas.

Porque cuando tienes a tu madre cerca y necesitas resurgir de una mala etapa, será la que te transmita esa energía y esa fuerza que ella tiene para regalarte siempre. Porque una madre solo desea lo mejor para sus hijos, tengan la edad que tengan.

Y cuando ella ya no está, cuando su ausencia te hace sentir tanto dolor en tu interior, todo eso cambia. Esa fuerza que ella te daba ahora tienes que forjarla tú desde lo más profundo de tus entrañas. Debes guardar cada una de sus enseñanzas para después recordarlas y poder llevarlas a cabo en tu vida.

El calor de una madre que ya no está

De algún modo, aunque tu madre no esté a tu lado, y su ausencia la sientas como una puñalada en el corazón… la realidad es que ella siempre estará viviendo en ti. Porque ella te dio la vida, y está unida a tu corazón mientras vivas.

No podrás verla, no podrás tocarla… pero si cierras los ojos y piensas en ella, imaginas su rostro en tu mente, entonces sí que tendrás ese impulso y esa fuerza que ella te daba siempre que lo necesitabas. Ahora tienes que buscar esa fuerza que ella te daba en tu interior. Porque la tienes, porque ella te la da.

ausencia madre

Todos sabemos que la atención de una madre es lo que necesitamos para sobrevivir en nuestros primeros años de vida, pero es que hay pocas cosas en el mundo más importantes que esa. Ella es lo que más necesitamos siempre. En la infancia nos aterra perder a nuestra madre porque es el único ser en el mundo (junto con el padre que ama a sus hijos) que daría lo que fuese por nuestro bien. Al menos, esas madres que sí quieren a sus hijos.

Cuando está ausente no hay nada en el mundo y en toda la vida que pueda compensar su ausencia. De hecho, cuando somos pequeños solo queremos su aceptación, que nos ame de la misma forma incondicional y profunda, tal y como nosotros le queremos a ella cada día. No queremos cuestionar sus decisiones nunca porque sabemos que todas las que toma, lo hace pensando antes en nosotros que en ella misma.

Cuando es una ausencia justificada

En ocasiones, una madre tiene que ausentarse de manera temporal. No significa que se haya marchado para siempre, sabemos que volverá… pero ese tiempo sin ella se convierte en un infierno emocional. Cuando una madre nos deja solos, por el motivo que sea, aunque sea por poco tiempo, sentimos cierto abandono emocional que nos hiela el corazón.

Pensamos al principio que no nos quiere o que nos ha abandonado. Pero al final nos resignamos porque sabemos que siempre volverá. No podemos evitar que esa ausencia a nuestro lado nos duela y nos cause cierta inseguridad emocional.

Si, por los motivos que sean, la madre se ausenta en períodos de tiempo más largos, entonces ya no hablamos de inseguridad emocional, estamos hablando de una terrible herida profunda que nunca sanará. El daño emocional es irreparable y causará problemas emocionales que influirán en la personalidad para siempre.

No importa la edad que tengas tú o la que tenga tu madre… si está ausente en tu vida, del modo que sea, siempre será un dolor demasiado profundo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Ver información legal y reglas de comentarios