Neuroeducación: Conocer el cerebro infantil para educar niños felices

Neuroeducación infantil

A medida que se perfeccionan las técnicas para indagar dentro del cerebro, la relación entre Educación y Neurociencias se vuelve más estrecha dando lugar a nuevas ramas del conocimiento como la Neuroeducación.

De hecho, hoy la Neuroeducación ha dejado de ser una disciplina teórica para convertirse en una herramienta práctica que brinda información muy valiosa a padres y maestros para educar de una manera más respetuosa, sensible y desarrolladora a los niños.

¿Por qué es tan importante comprender cómo funciona el cerebro infantil?

Comprender cómo funciona el cerebro y las etapas de su desarrollo permite a los padres ajustar sus expectativas a las capacidades reales del niño. De esta manera no les exigirán cosas para las cuales estos no están preparados. Como resultado, no se genera frustración.

A la vez, saber hasta dónde puede llegar el niño permite a los padres diseñar actividades que estimulen el desarrollo infantil. Así crean un entorno estimulante y desarrollador para el pequeño.

Comprender las claves del funcionamiento del cerebro les permite además entender muchas de las conductas infantiles y ser más sensibles a sus necesidades, para poner en práctica una crianza positiva que genere un apego seguro.

Los principales principios de la Neuroeducación

El cerebro tiene una increíble neuroplasticidad neuronal

La neuroplasticidad hace referencia a la capacidad del cerebro para cambiar su estructura y funcionamiento a lo largo de la vida como respuesta a los estímulos del medio. Hasta los seis años, los niños tienen una neuroplasticidad asombrosa, por lo que pueden aprender sin grandes esfuerzos, siempre y cuando se les brinden oportunidades en un entorno de aprendizaje seguro y positivo. Gracias a la neuroplasticidad, también sabemos que un niño que sufra cierta discapacidad o deficiencia, podrá compensarla desarrollando otras habilidades.

Neuroeducación

Emoción y cognición van de la mano

Las zonas emocionales y racionales del cerebro trabajan en conjunto, por lo que es un error pensar que el pensamiento está separado del sentimiento. Se ha demostrado que el aprendizaje complejo se refuerza con los desafíos y se inhibe con las amenazas. Eso significa que, si queremos que los niños aprendan, debemos asegurarnos de que el aprendizaje sea significativo, positivo, divertido y gratificante. Si se educa con gritos, amenazas, miedo y castigos se generará estrés, el cual bloquea el hipocampo, una estructura que tiene un gran número de receptores de los neurotransmisores del estrés y que es fundamental para la memoria. Si se enseña con respeto y amor, ese aprendizaje será más duradero en el tiempo.

Aprovechar los periodos sensitivos sin violentar el ritmo de desarrollo

Muchos padres piensan que acelerar el aprendizaje de ciertos contenidos es beneficioso para los niños, pero en realidad no es así. Se ha apreciado que intentar enseñar matemáticas o escritura a un niño de tres años incluso podría llegar a ser contraproducente. La Neuroeducación muestra que a lo largo del desarrollo se producen periodos sensitivos, etapas en las que el cerebro ha alcanzado la maduración adecuada y es más receptivo a aprender determinadas habilidades. Por tanto, es fundamental que los padres respeten el ritmo de maduración natural de cada pequeño.

El cerebro aprende de diferentes formas

No existe un único camino al aprendizaje, así como tampoco existe una única inteligencia. La Teoría de las Inteligencias Múltiples de Gardner revela que existen diferentes tipos de inteligencias y que cada persona tiene una combinación única de inteligencias lingüística, lógico-matemática, espacial, corporal-cinética, musical, interpersonal e intrapersonal. Hay niños que aprenden mejor escuchando pero otros necesitan ver o aplicar esos contenidos. Un tipo de aprendizaje no es mejor que el otro, todos son caminos igualmente válidos a explorar. Educar a un niño significa darle oportunidades para que pueda desarrollar al máximo sus talentos e inteligencias.

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