Disciplina positiva para niños con necesidades especiales

Muchos padres de niños con necesidades especiales desarrollan una educación permisiva, pensando que así les facilitan la vida a sus hijos. Sin embargo, en realidad suele ocurrir lo contrario: los niños que crecen con una educación demasiado permisiva tienen mayores probabilidades de convertirse en pequeños extremadamente dependientes, exigentes e inseguros.

Al igual que el resto de niños, los pequeños con necesidades especiales también necesitan crecer con límites que contribuyan a organizar su mundo, les enseñen a adaptarse a las exigencias de su entorno y les hagan sentir más seguros. Así podrán saber qué se espera exactamente de ellos y aprenderán algunas de las pautas que deben seguir en sociedad. Obviamente, tampoco se trata de apostar por una educación restrictiva, la idea es encontrar un equilibro entre los límites y la libertad.

Una buena solución es la Disciplina Positiva, un método diseñado para enseñar a los niños a convertirse en personas independientes, capaces de resolver sus propios problemas y de adoptar una actitud responsable ante la vida.

5 herramientas de disciplina positiva para educar a niños con necesidades especiales

1. Crea rutinas

Las rutinas no solo ayudan a establecer cierta organización en casa sino que también brindan al niño una mayor seguridad, a la vez que le permiten desarrollar algunas habilidades útiles para la vida. Sin embargo, para un niño con necesidades especiales no es fácil instaurar hábitos cotidianos como cepillarse los dientes o vestirse, de manera que tendrás que explicarle las rutinas paso a paso hasta que las domine. También debes tener en cuenta que cada niño necesitará un tiempo diferente para aprender las rutinas, por lo que no debes frustrarte si no lo aprende a la primera, la clave radica en la paciencia.

2. Céntrate en sus fortalezas

Muchos padres de niños con necesidades especiales se enfocan demasiado en las deficiencias de sus hijos con el objetivo de “corregir” su discapacidad. Una estrategia mucho más efectiva consiste en enfocarse en sus fortalezas. De esta manera se potencia la plasticidad cerebral, la capacidad del cerebro para reestructurarse y adaptarse al entorno, lo que contribuye a que el pequeño supere sus problemas y se convierta en una persona más independiente. Por ejemplo, si el niño tiene dificultades para comunicarse, pero en cambio tiene aptitudes para la pintura, puedes motivarlo a que dibuje y se comunique a través de los trazos.

Necesidades educativas especiales disciplina

3. Menos límites, pero más claros

Las normas y límites no solo ayudan a educar a un niño con necesidades especiales sino que también contribuyen a establecer pautas de vida. De esta manera, aprenderá qué puede y qué no puede hacer. La clave consiste en establecer límites y normas claros que el pequeño pueda comprender sin dificultad, aunque también es importante que los apliques de forma sistemática y consistente para no confundirlo. Obviamente, eso no significa que seas rígido/a, pero es importante que el niño sea consciente de cuáles son las excepciones. Por ejemplo, puedes dejar que el viernes o el sábado se acueste un poco más tarde, pero el resto de la semana debe saber que tiene que acostarse temprano para ir al colegio.

4. Evita los reproches

La mayoría de las veces, el niño con necesidades especiales no actúa mal de forma intencionada sino porque no sabe hacerlo de otra manera. Por eso, en vez de gritarle y reprocharle su mal comportamiento, algo que a la larga solo le genera más tensiones y frustración, deberías promover la reflexión e intentar buscar el motivo que lo ha llevado a actuar de esa forma. Así podrás trabajar en las causas que se encuentran en la base del mal comportamiento y evitar que se repita en el futuro.

5. Ayúdalo a que llegue a conclusiones por sí solo

El niño con necesidades especiales suele tener dificultades para llegar a conclusiones por su cuenta. Una buena estrategia para ayudarle a comprender los límites y normas, instaurar hábitos y aprender nuevas cosas consiste en motivarlo a que saque sus propias conclusiones. Por ejemplo, en vez de decirle, “No puedes agredir a tu hermano cuando te enfades con él” puedes preguntarle “¿Cómo crees que se siente tu hermano cada vez que te enfadas con él y le agredes? ¿Crees que hacerlo está bien?”

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