Cuento infantil: El ratón tranquilo

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Los niños adoran los cuentos infantiles. Además, son una excusa perfecta para pasar tiempo de calidad en familia, así como una oportunidad para mejorar su vocabulario, estimular su pensamiento crítico y fomentar valores positivos de una manera didáctica y diferente. Sin embargo, para aprovechar estas ventajas, no todos los cuentos infantiles valen. Es importante que además de entretenidos y fáciles de leer encierren una enseñanza que invite a los niños a reflexionar para que luego, sean capaces de aplicarla en su vida cotidiana.

En este sentido, el cuento de “El ratón intranquilo” puede convertirse en una buena elección para pasar un rato diferente con los niños mientras aprenden una valiosa lección: la importancia de respetar a todos aquellos que les rodean. La historia versa sobre un pequeño ratón, víctima de las burlas de un oso hormiguero que, dejando atrás sus rencillas, le tiende una mano para ayudarle a sobreponerse a las críticas de un elefante que le menospreciaba. Así, le demuestra el impacto que pueden tener las burlas en los demás y le desvela cuán importante es respetar a todos por igual. Sin duda, se trata de un cuento sencillo que se lee de una sentada, pero que enseña a los niños valiosas lecciones para su vida futura.

El ratón intranquilo, un cuento para enseñar a los niños a respetar a todos por igual

Erase una vez un pequeño ratoncito que vivía muy feliz y tranquilo en el bosque. Su día a día era muy entretenido, corría de aquí para allí con total libertad, descansaba, se alimentaba de los frutos que encontraba en su camino, hablaba con los otros animales y hasta los gatos que de vez en cuando pasaban por allí le respetaban. Sin embargo, un día esa vida idílica llegó a su fin cuando el ratoncito se encontró en uno de sus paseos matinales a un extraño animal que jamás había visto.

¡Era muy extraño! ¡Y regordete! Su cabeza era alargada y la tenía metida en un agujero en el suelo. Al sacarla, el ratón pudo verlo bien. Sin duda, nunca antes lo había visto en el bosque y no tenía idea de qué animal se trataba. El ratón no sabía que se había encontrado con un oso hormiguero. Sin embargo, a diferencia de él, no parecía muy tranquilo, sino que era muy activo y tenía muchas ganas de divertirse y reírse un poco.

Al ratón aquello no le hubiera parecido mal e incluso, hubiesen podido ser amigos, si no fuese porque aquel oso hormiguero parecía tener ganas de divertirse riéndose a su costa, a costa de alguien que nunca le había hecho nada a nadie y que no hacía más que corretear tan tranquilo por el bosque.

– ¿Con lo insignificante que eres, triste ratoncito, aún nadie ha puesto freno a tus carreras por este bosque? ¡Sería tan fácil pisarte! – dijo mofándose el oso hormiguero.

– ¿Por qué te metes conmigo? No creo haberte molestado. Yo solo camino por el bosque tranquilamente sin molestar a nadie y espero lo mismo del resto. Nunca me he metido contigo, por favor, respétame a mí y a los demás habitantes del bosque – le respondió el ratón entristecido.

Pero lamentablemente el ratón no obtuvo ninguna respuesta del oso hormiguero ya que estaba riéndose sin parar. Esto molestó enormemente al ratoncito, quien decidió emprender rumbo a otra parte para librarse de sus burlas. Así, se fue alejando lentamente mientras aún podía escuchar las risas del oso hormiguero.

Mucho tiempo después el ratón iba, como de costumbre, paseando y correteando por el bosque tranquilamente cuando, de pronto, escuchó unos ruidos muy fuertes. Rápidamente el ratón acudió a la zona de la que provenía tanta algarabía y pudo identificar a aquel oso hormiguero que tiempo atrás se había cruzado con él y le había importunado.

Sin embargo, en esta ocasión el oso hormiguero no parecía muy feliz. De hecho, era él quien gritaba y se lamentaba. Resulta que se había encontrado con un gran elefante que había comenzado a meterse con él por simple diversión. Así que el ratón, viendo lo triste que estaba el oso hormiguero, no dudó ni un minuto y se subió al lomo del elefante, quien intentó quitárselo con su enorme trompa y luego, moviéndose enérgicamente de un sitio a otro.

– ¿Crees que puedes meterte con otros animales más pequeños porque eres muy grande? Pues ya ves que no puedes conseguirlo porque de mí no vas a poder soltarte tan fácilmente – exclamó el ratón.

El elefante, que les tenía tanto miedo a los ratones que no podía acercarse siquiera a uno, comenzó a correr de un lado a otro despavorido hasta que el pequeño ratoncito decidió soltarse y dejarle en paz para que huyera todo lo rápido que le permitían sus pesados pies. Corrió tanto como pudo y desapareció en el horizonte.

En tanto, el oso hormiguero, ya a salvo de la situación incómoda que le causaron las burlas del elefante, se sintió muy triste y avergonzado consigo mismo ya que comprendió que había tenido la misma actitud con el ratoncito tiempo atrás sin darse cuenta de cuánto daño le había ocasionando y cuán cruel había sido sin motivo alguno. Así que decidió pedirle perdón por su comportamiento inadecuado:

– Ojalá puedas aceptar mis disculpas. Has decidido ayudarme después de mi mala actitud contigo en el pasado y me has hecho comprender lo necio que fui – dijo el oso hormiguero.

– No te preocupes, amigo. Supongo que has aprendido que todos tenemos derecho a ser felices y a habitar tranquilos en nuestro hogar. Todo aquel que sea capaz de comprenderlo, será mi amigo – le respondió el ratoncito. Ahora, vamos a buscar al elefante para pedirle una disculpa y pasear todos juntos por el bosque – sentenció el ratón con tranquilidad.

Así, el ratoncito y su nuevo amigo, el oso hormiguero, emprendieron rumbo hacia el camino por donde se había escapado el elefante para encontrarlo, hacer las paces y pedirle que fuese su amigo. El oso hormiguero no volvió a burlarse del ratoncito ni de ningún otro animal en el bosque porque entendió cuánto daño pueden llegar a hacer las palabras y comprendió la importancia de respetar a todos los seres vivos.

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