Cuento infantil: La Sirenita

Descubre la verdadera historia...

La Sirenita

¿Sabías que la famosa película de animación “La Sirenita” estrenada por Disney en 1989 en realidad es una adaptación? De hecho, se trata de una versión que dista bastante de la historia original escrita por el danés Hans Christian Andersen, en 1837. En su historia, Disney cuenta la historia de Ariel, una princesa sirena que, descontenta con su vida bajo el mar, se aventura a descubrir el mundo que existe más allá de la superficie sin saber que allí fuera le aguardaba el verdadero amor.

Sin embargo, en la versión original, Hans Christian Andersen imaginó un desenlace muy diferente al recreado por Disney en su película. Sin duda, es un desenlace mucho más triste y desesperanzador que el popularizado por Disney, pero en el que no faltan los guiños a la bondad, la aceptación, la entrega y el amor más puro. Una historia que, sin duda, los más pequeños de casa deberían conocer.

La Sirenita: Una historia desgarradora sobre el amor

Había una vez un reino mágico que se extendía en las profundidades del mar. Un lugar de extraordinaria belleza rodeado por flores y plantas acuáticas, donde convivían sirenas y peces de todas las especies. El reino estaba gobernado por el rey del mar, un tritón que cuidaba de todos sus súbditos e intentaba gobernar con justeza y sabiduría.

El rey tenía seis hijas sirenas que vivían muy felices en este paraíso acuático. Las sirenas pasaban el día jugando y cuidando de las flores que crecían en los majestuosos jardines de árboles azules y rojos del palacio. Todas eran muy especiales, pero la más pequeña de ellas era la que más destacaba. Su piel era tan blanca y suave y sus ojos grandes y azules que todos la contemplaban a su paso. Pero, como el resto de las sirenas, tenía cola de pez.

A la pequeña sirena le fascinaban las historias que su abuela contaba acerca de los seres humanos, tanto así que cuando encontró en una de sus excursiones una estatua de un hombre entre los restos de un barco naufragado no se lo pensó dos veces y se la llevó para ponerla en el jardín. Su abuela les había dicho que algún día conocerían la superficie, y eso la animaba sobremanera.

– Cuando cumpláis quince años podréis subir a la superficie y contemplar los bosques, las ciudades y todo lo que hay allí fuera. Pero hasta entonces está prohibido que vayáis a explorar ese mundo.

La pequeña sirena tenía mucha ilusión por descubrir ese otro mundo, pero esperó pacientemente a cumplir la edad requerida para poder subir a la superficie. En tanto, pasaba largas tardes imaginando como sería la vida allá arriba. Cada vez que una de sus hermanas cumplía los quince años y podía subir, ella escuchaba atentamente todas las historias que contaban y eso no hacía más que aumentar sus ganas porque llegara su oportunidad.

Tras años de espera la joven sirena por fin cumplió quince años. Muy animada, se despidió de sus hermanas y emprendió el camino hacia la superficie. Cuando subió, se encontró con un barco en el que celebraban una gran fiesta. Oía música y alboroto y no pudo evitar acercarse para tratar de ver a través de una de sus ventanas. Entre la gente distinguió a un joven muy guapo, que resultó ser el príncipe, y de quien se quedó prendada al observar su belleza.

Allí se quedó admirando al joven hasta que una tormenta cayó sobre ellos repentinamente. El mar comenzó a rugir con fuerza y el barco empezó a dar tumbos como si se tratase de un barquito de papel, hasta que finalmente naufragó y fue a parar al fondo del mar. En medio del naufragio la sirenita buscó al príncipe desesperada, logró rescatarlo y llevarlo sano y salvo hasta la playa. Mientras esperaba a que se restableciera, escuchó a unas jóvenes que se acercaban, y rápidamente nadó hasta el mar por miedo a que la vieran. A lo lejos vio como su príncipe se despertaba y levantaba.

La sirenita se fue tranquila sabiendo que había salvado a su enamorado, pero todos los días subía a la superficie con la esperanza de volver a ver a su príncipe. Sin embargo, no podía encontrarlo y cada vez regresaba más triste al fondo del mar. Un día, decidida a encontrar al príncipe de sus sueños se armó de valor y decidió visitar a la bruja del mar para que le ayudara a convertirse en humana y poder salir a la superficie a buscarlo. Estaba tan enamorada que era capaz de dar a cambio lo que fuese necesario.

Al llegar a la casa de la bruja, le contó su deseo y le pidió ayuda. Esta le dijo:

– Está bien, te prepararé una pócima con la que podrás tener dos piernas. Pero a cambio… ¡deberás pagar un precio! Quiero tu don más preciado, ¡tu voz!, le dijo.

– ¿Mi voz? Pero si no hablo, ¿cómo voy a enamorar al príncipe?, le contestó la sirena.

– Tendrás que intentarlo sin la voz. Si no, no te ayudaré.

– Está bien, cedió la sirena sin pensarlo demasiado.

La malvada bruja le advirtió que nunca más podría regresar al mar con su familia y que si no conseguía enamorar al príncipe y éste contraía matrimonio con otra mujer, moriría y se convertiría en espuma de mar. La sirenita estaba muy asustada, pero a pesar de todo, aceptó el trato.

La sirena se tomó la pócima y se despertó en la orilla de la playa al día siguiente. ¡Su cola de sirena ya no estaba! En su lugar tenía dos preciosas piernas. Su felicidad era tanta que ni siquiera se percató que el príncipe, quien se encontraba caminando por la playa, se acercó a ella. Al verlo, no podía contener su alegría, pero cuando intentó hablarle, recordó que le había entregado su voz a la bruja y que no podía hablar. El príncipe le preguntó quién era y cómo había llegado hasta allí, pero la sirenita no pudo responder.

El príncipe se apiadó entonces de la joven y la llevó hasta su castillo como invitada. Allí la sirenita conoció las costumbres de los humanos, aprendió a caminar, a usar los cubiertos y todos esos accesorios que le parecían tan extraños antes. Cada día pasaba tiempo con el príncipe y, aunque no podía hablarle, entre los dos creció una bonita amistad.

Pasó el tiempo y un día, en uno de sus frecuentes paseos el príncipe le anunció que se casaría al día siguiente con la hija del rey vecino. La pobre sirena se llenó de tristeza al oír sus palabras, pero a pesar de eso lo acompañó en la celebración de sus nupcias y celebró su felicidad como el resto de los invitados.

Sin embargo, sabía que esa sería su última noche, pues tal y como le había advertido la bruja, se convertiría en espuma de mar al alba. A punto de amanecer, mientras contemplaba desconsolada el horizonte, aparecieron sus hermanas con un cuchillo entre las manos. Era un cuchillo mágico que les había dado la bruja a cambio de sus cabellos y con el que si lograba matar al príncipe podría volver a convertirse en sirena.

La sirenita tomó el cuchillo y regresó al castillo. Entró en la alcoba y se acercó sigilosa al príncipe, quien dormía junto a su nueva esposa, y levantó el cuchillo. Pero se dio cuenta de que era incapaz de acabar con su amado, aunque esta fuera su única oportunidad de seguir viva.
De modo que regresó a la playa y se lanzó al mar. Mientras se convertía en espuma, conoció a unas criaturas espirituales: las hijas del aire.

– Todavía tienes una oportunidad de conseguir un alma inmortal, le dijeron.

– Tendrás que pasar trescientos años haciendo el bien como nosotras y después podrás volar al cielo.

Mientras las escuchaba vio cómo el príncipe la buscaba en el barco, y en la distancia permaneció contemplándolo mientras una lágrima, la primera de toda su vida, comenzó a brotar por su mejilla.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Ver información legal y reglas de comentarios