Dispraxia: Causas, síntomas y tratamiento

Conoce qué es la dispraxia

Dispraxia

Se estima que aproximadamente un 6% de los niños menores de 11 años sufren algún grado de dispraxia, aunque este trastorno es más común en los varones, de hecho, entre el 70 y el 80% de los casos diagnosticados son niños.

La dispraxia es una patología que afecta la psicomotricidad, aunque no implica que exista una deficiencia intelectual. Estos pequeños suelen presentar torpeza y lentitud motora, a menudo también sufren trastornos del aprendizaje y dificultades en el lenguaje. De hecho, la dispraxia es un trastorno que afecta la planificación y la puesta en práctica de las tareas que tengan algún componente motor, desde los movimientos hasta la articulación del lenguaje.

La dispraxia se cataloga en dependencia de sus formas de manifestación:

  • Ideomotora. El niño presenta dificultades para realizar tareas sencillas que implican un solo paso, como ponerse los zapatos o peinarse.
  • Ideatoria. El pequeño tiene dificultades para llevar a la práctica tareas de varios pasos, como atarse los cordones de los zapatos o cepillarse los dientes.
  • Oromotora. El niño tiene problemas para coordinar los movimientos necesarios para la pronunciación.
  • Constructiva. En este caso se encuentra afectada la capacidad para entender y aplicar las relaciones espaciales.

Los síntomas principales de la dispraxia

Normalmente los padres notan estas dificultades antes de los dos años de vida. Casi siempre se dan cuenta porque a los pequeños les resulta difícil realizar tareas sencillas como abotonarse la camisa, atarse los cordones de los zapatos o peinarse.

Normalmente se trata de bebés que mostraron dificultades al gatear o se retrasaron al caminar. De hecho, el desarrollo motor de los bebés con dispraxia es más lento y también suelen presentar dificultades al hablar.

Entre los 3 y los 5 años

Entre los 3 y los 5 años aún se suele apreciar cierta torpeza o dificultad al realizar los movimientos, casi siempre debido a la falta de coordinación. Estos niños a menudo también presentan una propensión a tener rabietas, se caen con frecuencia y pueden presentar aleteo de las manos. Además, tienen problemas para subir y bajar escaleras y el lenguaje suele ser inmaduro para su edad.

Entre los 5 y los 7 años

Entre los 5 y los 7 años los niños aún pueden tener problemas para vestirse y comer solos correctamente. Algunos comienzan a manifestar a esta edad dolores de cabeza y náuseas. En la escuela pueden tener dificultades para concentrarse, suelen terminar las tareas después que sus compañeros y en algunos casos su escritura es prácticamente ilegible.

Dispraxia síntomas y tratamiento

El diagnóstico y tratamiento de la dispraxia

La dispraxia puede estar causada por pequeñas lesiones cerebrales en el proceso de maduración de las neuronas. También puede deberse a una anoxia durante el momento del parto. De hecho, existen algunos factores de riesgo que aumentan las probabilidades de que el niño padezca este trastorno, como nacer de forma prematura, antes de la semana 37, o el hecho de que la madre consuma alcohol, drogas o tabaco durante el embarazo. Sin embargo, lo cierto es que en la mayoría de los casos no se logra descifrar la causa.

Para diagnosticar este trastorno se aplican una serie de pruebas neuropsicológicas en las que se toman como referencia las adquisiciones en el plano motor e intelectual que el niño debe haber alcanzado a cierta edad. No obstante, la evolución de este trastorno depende de diferentes factores, entre ellos la severidad de la dispraxia, el momento en que se diagnostique y la constancia de los padres en el tratamiento. De hecho, la implicación de los padres es fundamental para lidiar con los problemas motores y del lenguaje.

En lo que respecta al tratamiento, este varía en dependencia del tipo de dispraxia que padezca el niño. En sentido general, los fisioterapeutas se encargan de las tipologías motoras, mientras que los logopedas asumen los problemas en el lenguaje. El psicólogo interviene cuando existe una dispraxia ideatoria. No obstante, en todos los casos es necesario educar a la familia para que aprendan a lidiar con el trastorno y apliquen en casa los ejercicios que el niño necesita. La terapia suele ser bastante sencilla y consistir en repetir secuencias motoras, por lo que la práctica es fundamental para asimilar los patrones correctos y superar las dificultades.

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