Guía básica de primeros auxilios a bebés y niños: ¿Qué debes hacer y qué evitar?

La salud de los pequeños está en manos de los mayores, asegura su buena salud con esta guía de primeros auxilios

Guia primeros auxilios

Los niños son un grupo muy vulnerable a los accidentes ya que tienen una escasa percepción del peligro y les cuesta identificar los riesgos a los que se exponen. De hecho, se estima que en Europa los accidentes representan la primera causa de muerte en los pequeños y una de las causas principales de incapacidad en los menores de 5 años.

Basta una silla mal colocada o un descuido del pequeño al caminar para que ocurra un incidente que pueda poner en riesgo su vida. Por eso, los expertos les recomiendan a los padres que aprendan al menos las pautas básicas de primeros auxilios para que puedan ayudar a su hijo en caso de accidente.

¿Cómo ayudar a un bebé o un niño ante un accidente?

1. Coloca al niño en una posición segura

Si el niño ha sufrido un accidente, lo primero que debes hacer es colocarlo en una posición segura que le permita respirar con normalidad y en la que, en caso de vomitar, no aspire las mucosidades gástricas. Por lo general, la posición más segura en caso de herida grave, asfixia o intoxicación suele ser acostado de lado. Sin embargo, cuando se trata de una caída lo mejor es no mover al pequeño hasta que lleguen los paramédicos para evitar mayores complicaciones.

2. Revisa sus vías respiratorias

Es importante que tras un accidente compruebes si el niño respira con normalidad. De no ser así, coloca una mano en su frente y reclina suavemente su cabeza hacia atrás, con la otra mano súbele el mentón para que la lengua no obstruya el paso de aire. Si aún así no respira coloca tu boca sobre la suya, y en el caso de los bebés sobre su boca y nariz, y haz dos insuflaciones lentas durante dos segundos, repite el ejercicio hasta que notes que intenta toser o respirar.

3. Evalúa la gravedad de las lesiones

Tras un accidente es fundamental que mantengas la calma y evalúes la gravedad de las lesiones del niño. Si se trata de una herida, valora la profundidad de la misma y si compromete a algún órgano vital. Haz lo mismo si se trata de un golpe o una quemadura. Si el niño está consciente, pregúntale si le duele y qué siente. En cualquier caso, llama a los servicios de emergencia o llévalo al servicio de urgencias del hospital para que puedan atender inmediatamente las lesiones.

4. Valora los síntomas asociados

Las heridas y daños de un accidente no siempre pueden verse a simple vista ya que a veces ocurren internamente. Por eso es muy importante evaluar los síntomas que presenta el niño ya que estos pueden ayudar a identificar las lesiones y su gravedad de forma más rápida. Por ejemplo, perder la conciencia, hablar de forma incoherente o no saber dónde se encuentra o qué estaba haciendo antes del accidente pueden ser señales de daño a nivel cerebral. Mientras que tener dolor abdominal fuerte puede ser un indicador de hemorragia interna.

5. Prepárate para darle un masaje cardíaco

Darle un masaje cardíaco a un niño que está en paro puede salvarle la vida, por eso es importante que aprendas a hacerlo. Si se trata de un bebé acuéstalo en posición vertical, coloca tus manos sobre su tórax con los pulgares debajo de la línea que une ambas tetillas y presiona. En el caso de los niños mayores de 1 año busca la base del esternón y, dos dedos por encima de este punto, oprime con la palma de una sola mano. Ten en cuenta que la presión que hagas debe ser lo suficientemente fuerte como para hundir un tercio de la profundidad del tórax. Repite 30 veces las compresiones, dejando espacio para 2 ventilaciones, a un ritmo de 100 compresiones por minuto.

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6. Atenúa las lesiones

Ante un accidente también es importante que le prestes atención a las lesiones del pequeño para evitar mayores complicaciones. Si se trata de un golpe, puedes colocarle compresas frías para aliviar el dolor. En caso de una quemadura pequeña y poco profunda puedes limpiarla con agua y jabón para desinfectar la zona y luego colocarle una compresa de agua fresca para evitar que el calor dañe al resto de las células. Sin embargo, si se trata de una quemadura profunda, lo mejor es que esperes a que lleguen los paramédicos ya que podrías lastimar más al niño si intentas curarle. En caso de fractura, intenta que el pequeño mantenga inmóvil esa parte para evitar que el daño se acentúe.

7. Calma al pequeño

El primer instinto de un niño que sufre un accidente es ‘escapar’, si puede, o por el contrario caer en un auténtico ataque de pánico. Se trata de una reacción completamente normal pero que puede empeorar el estado general del pequeño y acentuar las lesiones. Por eso, es importante que ante una situación así intentes calmar al niño para que esté tranquilo y se mueva lo menos posible. Para lograrlo háblale con voz pausada y muéstrate segura en lo que dices para que le transmitas confianza. También responde a sus preguntas y ve explicándole todo lo que sucede con un lenguaje claro y directo, pero sin darle demasiados detalles.

7 cosas que no debes hacer al darle los primeros auxilios a un niño

1. Dejar solo al niño

Un error que cometen muchos padres cuando un niño tiene un accidente consiste en dejarlo solo para ir a buscar ayuda. Obviamente, si no hay otra persona contigo no tienes otra alternativa que abandonarlo al menos durante unos minutos para buscar un teléfono o a alguien que pueda ayudarte. Si fuera el caso intenta no estar demasiado tiempo lejos ya que el niño podría sufrir un ataque de pánico, tocarse las heridas o moverse y acentuar las lesiones.

2. Tocar las lesiones sin protección

Las heridas o quemaduras suelen infectarse con facilidad ya que son una puerta abierta para los virus y las bacterias que habitan en el entorno. Por eso, es importante que antes de tratar las lesiones que pueda haber sufrido el niño en el accidente te asegures de usar la protección adecuada. Lo ideal es que uses guantes, pero si no tienes a mano puedes utilizar gasas o algodón del botiquín de primeros auxilios. En cualquier caso asegúrate de tener las manos limpias antes de tocar las lesiones.

3. Mover al niño sin necesidad

¿Sabías que mover a un niño que ha sufrido una caída fuerte puede dejarlo paralizado? Por eso, los especialistas recomiendan no cambiar de posición y mucho menos levantar a un niño que ha sufrido un accidente. En estos casos lo más conveniente es intentar mantener al pequeño inmovilizado hasta que lleguen los paramédicos, quienes se encargarán de su traslado a una unidad de urgencias médicas tomando las medidas pertinentes.

4. Recolocar los huesos en caso de fractura

Un mito popular afirma que cuanto antes se recoloquen los huesos tras una fractura, más rápida es la recuperación y menos dolor siente el niño. Y es cierto, pero para recolocar un hueso es necesario saber cómo hacerlo, de lo contrario puedes provocar más daño que beneficios. En este caso, lo recomendable es esperar a que lo hagan los médicos.

5. Pasar por alto una hemorragia

Las hemorragias son una de las causas principales de fallecimiento tras un accidente. Por eso, es conveniente que ante una hemorragia actúes inmediatamente, sin esperar a que lleguen los paramédicos. Intenta contenerla atándole con fuerza una prenda en la parte superior de la herida, en caso de tratarse los miembros inferiores o superiores. Si la hemorragia proviene del abdomen o el tórax, intenta detenerla colocando compresas directamente sobre la herida y haciendo un poco de presión.

6. Provocar el vómito ante una intoxicación

Muchos padres piensan que la mejor estrategia ante la intoxicación infantil consiste en hacer que el niño vomite. Sin embargo, este es uno de los mayores errores que se puede cometer en un caso como este ya que de la misma forma en que la sustancia que el niño consumió afectó sus vías digestivas al entrar, también las dañará al salir.

7. Suministrar medicinas o alimentos

A veces pensamos que un medicamento para aliviar el dolor tras una caída o un poco de agua para atenuar la sed no le hará ningún mal a un niño que acaba de sufrir un accidente. Sin embargo, lo cierto es que administrarle medicinas o alimentos puede hacerle más mal que bien, sobre todo si no tenemos claro el diagnóstico. En cualquier caso lo mejor es abstenerse.

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