Salud

Niños que parecen autistas, pero no lo son: ¿a qué se debe?

Descifrando el misterio del autismo: entre síntomas compartidos y diagnósticos diferenciados en la infancia.

niños que parecen autistas pero no lo son
Jennifer Delgado

Jennifer DelgadoEducadora, psicóloga y psicopedagoga

El Trastorno del Espectro Autista es una de las alteraciones del desarrollo infantil más conocidas. Los síntomas del autismo grado 3 suelen ser fácilmente reconocibles a medida que los niños crecen, por lo que no es extraño que a veces algunos padres se preocupen cuando creen identificarlos en sus hijos. Sin embargo, lo cierto es que no todos los niños que tienen dificultades para socializar con las personas de su entorno, manifiestan un comportamiento tímido y retraído o tienen una esfera de intereses reducida sufren un Trastorno del Espectro Autista. 

En muchas ocasiones estos síntomas pueden obedecer a otro trastorno del desarrollo infantil como el mutismo selectivo, el trastorno de ansiedad social o el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH) o incluso, deberse a un retraso madurativo en el crecimiento. Es importante tener en cuenta que cada niño es único y a veces puede tener un ritmo de desarrollo más lento sin que esto implique que sufra un trastorno psicológico. De la misma manera, esto significa que puede haber niños que parecen autistas, sin serlo realmente

La complejidad del diagnóstico del Trastorno del Espectro Autista: no todos los niños que manifiestan síntomas son autistas

El Trastorno del Espectro Autista es una alteración de comienzo temprano en la infancia que se distingue por dificultades en la interacción social, el desarrollo de las habilidades comunicativas y el comportamiento, así como una reducción de la esfera de intereses y la actividad. En la práctica, los niños con un diagnóstico del Trastorno del Espectro Autista tienen problemas para relacionarse con las personas que les rodean, poseen un pobre desarrollo del lenguaje y una marcada incapacidad para expresar y comprender las emociones tanto propias como ajenas. Asimismo, tienen una esfera de intereses muy reducidas y mantienen conductas estereotipadas y repetitivas que les hacen sentir más seguros y confiados. 

Según la Confederación de Autismo de España el Trastorno del Espectro Autista es una condición de origen neurobiológico que afecta a la configuración del sistema nervioso y al funcionamiento cerebral. De hecho, se ha comprobado que la alteración puede estar relacionada con una mutación genética o afectaciones neurológicas en áreas como la corteza cerebral, el sistema límbico y la amígdala. A pesar de ello, no existen marcadores biológicos que permitan identificar el trastorno, de manera que el diagnóstico es eminentemente clínico. Esto significa que el diagnóstico del Trastorno del Espectro Autista se realiza atendiendo a los signos y síntomas que manifiesta cada niño. 

Sin embargo, a la hora de diagnosticar un Trastorno del Espectro Autista no solo se analiza el comportamiento infantil, sino que también se tienen en cuenta otros factores como la edad, el nivel de desarrollo y las condiciones medioambientales. 

1. Edad

Las primeras manifestaciones del Trastorno del Espectro Autista suelen aparecer a una edad muy temprana, pero no es hasta después de los 2 o 3 años que se empiezan a notar los primeros síntomas. Por supuesto, estos signos van variando a medida que el niño crece, adaptándose a su etapa de desarrollo. De esta manera, la edad se convierte en un indicador fundamental que se debe tener en consideración al diagnosticar un Trastorno del Espectro Autista

Por ejemplo, es normal que un niño de 3 años se muestre tímido ante las personas de su entorno y tenga problemas para socializar con otros pequeños de su misma edad mientras que este mismo comportamiento a los 5 años puede ser un indicador de problemas en las habilidades comunicativas. Por eso es importante contextualizar los síntomas que presenta el niño atendiendo a su edad. 

2. Etapa de desarrollo

Otro importante marcador que se debe tener en cuenta al diagnosticar un Trastorno del Espectro Autista es el nivel de desarrollo del pequeño. Aunque a menudo el nivel de desarrollo está a la par de la edad infantil, hay numerosas ocasiones en las que la edad psicológica y cognitiva del niño no se corresponde con su edad biológica. Se trata de una especie de retraso madurativo que hace que el niño evolucione más lentamente que sus coetáneos, sin que esto signifique que tiene un trastorno.

Si bien este retraso puede ser un signo de autismo u otro trastorno del neurodesarrollo, a veces simplemente obedece a un ritmo de crecimiento diferente. No todos los niños se desarrollan a la misma velocidad, ni del mismo modo. Y esta podría ser la causa de las dificultades para expresarse que tiene el niño o sus problemas para socializar con los demás. 

3. Condiciones del entorno

Al diagnosticar un Trastorno del Espectro Autista también es importante considerar las condiciones del entorno del niño. Esto incluye desde las características familiares y la educación que ha recibido el pequeño hasta las situaciones vitales que ha tenido que experimentar o incluso, cuestiones tan básicas como sus hábitos cotidianos. A fin de cuentas, las condiciones del entorno desempeñan un rol esencial no solo como generadores de síntomas, sino también como detonadores de cualquier trastorno psicológico

Por ejemplo, si los padres apenas dedican tiempo a los niños y estos pasan gran parte del día delante de una pantalla, es normal que presenten un escaso desarrollo de las habilidades sociales, no sean capaces de expresar sus emociones y tengan un lenguaje reducido. Sin embargo, estos mismos síntomas en niños que han tenido una estimulación temprana y han contado con el apoyo y la compañía de sus padres pueden indicar la presencia de un trastorno del desarrollo. 

Niñas parecen autistas

Otros problemas comportamentales y de socialización más allá del Trastorno del Espectro Autista

En ocasiones, los síntomas que los padres identifican en sus hijos no forman parte de un Trastorno del Espectro Autista, sino que obedecen a otras alteraciones psicológicas y del desarrollo. Y es que, contrario a lo que muchos consideran, el autismo, sobre todo en los grados 1 y 2 que son los más ligeros, comparte síntomas con otros trastornos. De ahí la importancia de realizar siempre un diagnóstico diferencial antes de etiquetar a un niño con Trastorno del Espectro Autista. ¿Con qué otros trastornos pueden confundirse el autismo?

1. Retraso madurativo

El retraso madurativo es un trastorno del desarrollo que se caracteriza por un desarrollo más lento de las habilidades cognitivas, motoras y del lenguaje. Al igual que en el Trastorno del Espectro Autista, los niños con retraso madurativo pueden presentar dificultades para seguir instrucciones y órdenes, tener un pobre desarrollo del lenguaje o una esfera de intereses reducidas. En cambio, no presentan patrones de comportamiento repetitivos y, aunque pueden ser un poco tímidos, pueden relacionarse con las demás personas sin dificultad.  

2. Trastorno del procesamiento sensorial

El trastorno del procesamiento sensorial es una alteración en la que los niños tienen dificultades para procesar la información sensorial. Por lo general, se trata de pequeños que son demasiado sensibles a los estímulos, pero también puede darse el caso contrario, es decir, que necesiten estímulos muy fuertes para reaccionar. De ahí que a menudo se confunda la ausencia de contacto ocular y/o respuesta, la hipersensibilidad o los problemas para regular las reacciones ante los estímulos típico de estos niños con síntomas del Trastorno del Espectro Autista. Sin embargo, es importante tener en cuenta que, a diferencia del autismo, en el trastorno del procesamiento sensorial no suelen presentarse conductas repetitivas ni existir problemas en el lenguaje.

3. Mutismo selectivo

El mutismo selectivo es un trastorno de ansiedad en el que los niños son incapaces de hablar en determinadas situaciones sociales, a pesar de comunicarse con normalidad en otros escenarios. De esta manera, es común que dejen de hablar en la escuela o en entornos que les resulten intimidantes, lo cual a veces puede confundirse con un signo del Trastorno del Espectro Autista. Sin embargo, a diferencia del autismo, en el mutismo selectivo los niños no necesariamente tienen problemas con las habilidades sociales, a la vez que muestran un desarrollo cognitivo normal y tienen una esfera de intereses acorde a su edad.

4. Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad

El TDAH es una alteración neurológica muy común en los niños que se caracteriza por la combinación de problemas de atención, una gran hiperactividad y un comportamiento impulsivo. Sin embargo, a veces estos niños pueden presentar problemas con el lenguaje y la flexibilidad cognitiva, así como un pobre autocontrol, dificultades para relacionarse y comportamientos reiterativos que tienden a confundirse con el autismo. No obstante, a diferencia de los niños con un Trastorno del Espectro Autista, los niños con TDAH tienen una amplia esfera de intereses y una comunicación abierta y espontánea.

5. Trastorno de Ansiedad Social

Los niños con ansiedad social suelen tener dificultades para expresar lo que sienten y comunicarse de manera asertiva con las personas de su entorno, un síntoma que a menudo puede confundirse con las escasas habilidades sociales de los niños con autismo. Sin embargo, a diferencia del Trastorno del Espectro Autista, los niños con un Trastorno de Ansiedad Social no tienen dificultades cognitivas ni del lenguaje, así como tampoco patrones de comportamiento reiterativos.

Si crees que tu hijo puede tener síntomas de un Trastorno del Espectro Autista, lo más recomendable es que acudas a un especialista que pueda evaluar su caso y hacer el diagnóstico diferencial adecuado. De esta manera, no solo podrás salir de dudas, sino que, en caso de sufrir alguna alteración, podrás comenzar a tratarla cuanto antes.

  1. Confederación de Autismo de España. (s. f.). ¿Qué es el autismo? https://autismo.org.es/el-autismo/que-es-el-autismo/
  2. Espín, J.C., et al. (2013). Lo que es trastorno del espectro autista y lo que no lo es. Anales de Pediatría Continuada, 11(6), 333-341. https://doi.org/10.1016/S1696-2818(13)70155-0

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