Amigdalitis aguda en niños

Qué es y cómo se presenta la amigdalitis aguda en niños

Las amígdalas son agregaciones de nódulos linfáticos que se sitúan debajo del revestimiento epitelial de la cavidad bucal y faríngea. Una de sus principales funciones consiste en ayudar a combatir las infecciones en el cuerpo. De hecho, se ha demostrado que hasta alrededor de los cinco o seis años contribuyen a estimular la producción de anticuerpos ante agresiones por virus, bacterias u otros microorganismos. Sin embargo, las amígdalas suelen ser muy vulnerables ante los agentes externos y es usual que cuando se trata de una infección viral o bacteriana muy fuerte se desarrolle una amigdalitis.

La amigdalitis es, básicamente, la inflamación de las amígdalas. Es un trastorno muy común en los niños, sobre todo, en los pequeños menores de 3 años. De hecho, es uno de los principales motivos de consultas de pediatría en España. Por lo general, la alteración aparece como consecuencia de la acción de un virus o una bacteria que irrita e inflama las amígdalas, pero también puede deberse a una condición crónica como una sinusitis o rinitis alérgica, alteraciones que además, tienden a acentuar sus síntomas.

¿Cómo identificar una amigdalitis infantil?

Los síntomas de la amigdalitis suelen manifestarse prácticamente desde que comienza la inflamación. Los signos suelen variar de un niño a otro, aunque por lo general, es usual que aparezca:

  • Dolor de garganta.
  • Fiebre.
  • Dificultad y dolor al deglutir, aunque se trate de líquidos.
  • Decaimiento y falta de apetito.
  • Afonía.
  • Inflamación de los ganglios del cuello.
  • Amígdalas enrojecidas e inflamadas.
  • Manchas blancas o amarillas en las amígdalas.
  • Dolor de cabeza.

No obstante, aunque en la mayoría de los casos los síntomas son un indicador bastante fiable de que la enfermedad ha sentado casa, es usual que se proceda a aplicar algunas pruebas diagnósticas para confirmar la amigdalitis. Lo más habitual es que se realice un reconocimiento físico, así como una prueba rápida para el cultivo de estreptococos.

Amigdalitis en niños

El tratamiento de la amigdalitis en niños

Los niños con amigdalitis que no presentan dolor o fiebre no suelen necesitar tratamiento. Entre una y dos semanas la inflamación suele ceder por sí sola. En cambio, cuando se presentan estos síntomas es importante comenzar lo antes posible con un tratamiento que variará dependiendo de la causa de la infección, ya se trate de una inflamación vírica o bacteriana.

De manera general, si la amigdalitis es de origen vírico no se administran antibióticos. De hecho, muchos pediatras tampoco aconsejan su uso en algunas infecciones de origen bacteriano ya que apuntan que es preferible que el organismo produzca por sí mismo los anticuerpos para combatir la infección. Estos especialistas se basan en la teoría de que cuando se administra un antibiótico, se elimina el microorganismo y se acaba con la infección, pero no se desarrollan suficientes defensas contra el agente patógeno. De esta manera, el organismo del niño será más vulnerable a otras infecciones.

No obstante, hay ocasiones en las que se precisa la administración de antibióticos para ayudar al organismo a combatir la infección. En estos casos, la penicilina oral o la amoxicilina son los antibióticos de elección y al cabo de dos o tres días comienzan a hacer efecto. En algunos casos también se pueden prescribir analgésicos o antiinflamatorios para combatir el dolor y el proceso inflamatorio.

Afortunadamente, la mayoría de los casos ceden sin mayores complicaciones. No obstante, debes mantenerte muy alerta con la evolución de la enfermedad ya que en algunos casos puede desarrollarse un absceso en el área alrededor de las amígdalas, una enfermedad renal causada por los estreptococos de la infección o fiebre reumática. En casos crónicos, ya sea porque la amigdalitis es muy fuerte o demasiado frecuente, se recomienda extirparlas. También se sugiere cuando:

  • El niño ronca demasiado y tiene unas amígdalas y glándulas adenoides demasiado grandes que provocan la obstrucción de las vías respiratorias altas.
  • El pequeño tiene dificultades para respirar y sufre episodios de otitis relacionados.
  • El niño ha sufrido algún absceso en la zona adyacente a las amígdalas.
  • La fiebre causada por la amigdalitis provoca convulsiones febriles.

¿Cómo prevenir u atenuar los síntomas de la amigdalitis en los niños?

Se conoce que los niños que están expuestos constantemente a entornos donde habitan bacterias y virus suelen desarrollar amigdalitis con más facilidad. Por tanto, la mejor manera de prevenir la enfermedad consiste en reducir al máximo su exposición a estos entornos. De manera similar, una vez que el niño haya adquirido la infección debe mantenerse alejado de otros niños para evitar contagiar a otros pequeños. Además, se recomienda:

  • Darle de beber líquidos fríos o helados para atenuar el dolor.
  • Incitarlo a que haga gárgaras de agua tibia con sal.
  • Darle pastillas de menta para reducir el dolor.
  • Dejar que el pequeño descanse y motivarlo a que haga reposo vocal.

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