Cuando el bebé duerme menos de lo normal: ¿A qué se debe y qué hacer?

Descubre las causas y qué puedes hacer si tu bebé duerme poco

Bebé duerme poco

El sueño es muy importante para el desarrollo del bebé. No solo contribuye a que su organismo descanse y reponga energía, sino que también participa en otros procesos metabólicos como el crecimiento infantil, la regulación del peso corporal y el desarrollo cognitivo. Por eso, es normal que una de las preocupaciones más recurrentes entre las madres y padres, sobre todo si son primerizos, esté relacionada con el sueño y la calidad del descanso de sus hijos.

El sueño en los recién nacidos y bebés

Durante las primeras semanas de vida los recién nacidos duermen la mayor parte del día y la noche. Por lo general, solo se despiertan si tienen hambre, de manera que suelen dormir una media de entre 16 y 20 horas diarias. Sin embargo, a medida que crecen su organismo necesita cada vez menos tiempo para recuperar energía y las horas de sueño se van reduciendo de manera natural.

Para el primer año, el horario de sueño del bebé se reduce a entre 12 y 14 horas diarias. En esta etapa, es probable que los bebés ya hagan siestas de una o dos horas, a la vez que son capaces de permanecer despiertos durante más horas al día. En muchos casos, duermen gran parte de la noche de un tirón, pero en otros siguen despertándose varias veces.

Obviamente, el tiempo que duerme cada bebé varía de un caso a otro ya que su ritmo circadiano es diferente, así como sus necesidades de descanso y sueño, lo que explica a grosso modo por qué unos bebés duermen menos que otros. No obstante, también existen otros factores que pueden influir en que un bebé duerma menos de lo normal y que pueden afectar la calidad de su descanso.

¿Por qué un bebé duerme menos de lo normal?

Existen muchas razones que pueden explicar por qué un bebé duerme menos horas de lo normal para su etapa del desarrollo. Los malos hábitos de sueño suele ser la causa principal de que no concilien el sueño o no duerman bien en la mayoría de los casos, pero no es la única.

  1. Tomas frecuentes durante el día. Para muchas madres la alimentación a demanda consiste en darle de comer al bebé cada vez que llora, de manera que lo amamantan muchas veces a lo largo del día. ¿El problema? El organismo del bebé se adapta a ser alimentado continuamente y a estar cerca de su madre de manera habitual, por lo que al llegar la noche les resulta difícil dormir de un tirón y suelen despertarse varias veces para pedir comida y estar en brazos de su madre.
  2. Siestas diurnas muy largas. La mayoría de los bebés duerme muchas horas a lo largo del día, pero a medida que crecen las siestas se van haciendo cada vez más cortas mientras que el sueño nocturno se alarga. No obstante, si el bebé hace siestas demasiado largas durante el día es normal que al llegar la noche no tenga apenas sueño. En estos casos, es habitual que al bebé le cueste conciliar el sueño o se despierte varias veces a lo largo de la noche.
  3. Postura incómoda para dormir. Hay bebés que concilian el sueño prácticamente con poner la cabeza en la almohada, pero a otros les resulta mucho más difícil y deben encontrar su postura favorita para descansar bien. En estos casos, es habitual que si el bebé se encuentra en una postura incómoda no consiga conciliar el sueño y/o se despierte varias veces en la noche porque no puede dormir bien.
  4. Ser un bebé de alta demanda. Los bebés de alta demanda se caracterizan por ser niños muy activos que necesitan una estimulación continua y, en consecuencia, duermen poco a lo largo del día. Por lo general, hacen siestas muy cortas, de 15 a 30 minutos, y por la noche requieren pocas horas de sueño para reponer las energías, con lo que pueden tardar en conciliar el sueño o despertarse varias veces en busca de atención. Básicamente, solo duermen cuando están muy agotados.
  5. Enfermedad en curso. Otra de las causas más comunes para que un bebé duerma menos de lo normal es que esté enfermo. Ya se trate de una enfermedad crónica, transitoria o incluso, en incubación, los síntomas de malestar generalizado o las molestias puntuales pueden quitarle el sueño a un bebé, haciendo que le cueste conciliar el sueño, que se despierte varias veces a lo largo de la noche o que no descanse lo suficiente. En este caso, suele notarse un cambio repentino en el patrón de sueño habitual del pequeño y, una vez que supera la enfermedad, tiende a recuperarlo.
  6. Alteraciones emocionales. La ansiedad, la irritación o el miedo son algunos de los estados emocionales más habituales que influyen en la conciliación del sueño infantil. De hecho, si el bebé está intranquilo le costará conciliar el sueño y, en caso de conseguirlo, es probable que se despierte varias veces en la noche o que no tenga un sueño reparador. Este problema es muy fácil de distinguir pues es habitual que a medida que se acerque la hora de dormir el bebé se muestre inquieto, tenga una rabieta o un ataque de llanto.
  7. Trastornos del sueño. Los trastornos del sueño no son exclusivos de los adultos, a veces los bebés también experimentan dificultades para conciliar el sueño. Las pesadillas y los terrores nocturnos suelen ser los trastornos más comunes en los niños preescolares, pero también pueden desarrollar otras alteraciones más complejas como la somnifobia, que no es más que un miedo irracional a ir a la cama, o incluso el insomnio.
Bebés duermen menos

¿Qué hacer para que tu bebé duerma y descanse mejor?

1. Mantén activo al bebé durante el día

Ya se trate de un bebé de alta demanda o de un pequeño al que le gusta dormir muchas horas de siesta durante el día, mantenerlo activo durante la jornada le ayudará a estar más cansado en la noche, a conciliar antes el sueño y a descansar mejor. Lo ideal es que acortes paulatinamente sus siestas, teniendo en cuenta su edad y necesidades de descanso, aunque también es importante que lo mantengas entretenido en actividades constantes para evitar que el sueño le venza antes de tiempo.

2. Establece un horario de sueño

Mantener un horario de sueño regular ayuda al bebé a prepararse para la hora del descanso con mayor facilidad. Lo que sucede es que cuando el cuerpo se adapta a ese horario a medida que se acerca la hora de ir a la cama empiezan a aparecer señales automáticas como la sensación de pesadez en los párpados o los bostezos que le preparan para conciliar el sueño más rápido y a descansar mejor.

3. Crea una rutina que facilite el sueño

Preparar al bebé para ir a la cama con una serie de rutinas diarias le ayudará a conciliar antes el sueño y a descansar mucho mejor. Por ejemplo, una rutina puede ser alimentarle, acunarle en brazos, acostarlo en su cama y cantarle una canción con la luz apagada. En este sentido, es importante que se trate de una rutina relajante para el bebé que le ayude a calmar las tensiones y a prepararse para el sueño.

4. Presta atención al ambiente de la habitación

Por muy pequeño que sea el bebé, las condiciones de su entorno también afectan su sueño para bien o para mal. Por ejemplo, si en la habitación hay demasiada luz o ruido, será difícil que pueda conciliar el sueño y descansar bien. Por eso, es importante que a la hora de dormir la estancia del pequeño esté tranquila, oscura y con la temperatura adecuada. Si lo prefieres, puedes incluir algún accesorio con música infantil relajante de fondo que le ayude a relajarse y a conciliar el sueño.

5. Aliméntalo siempre antes de ir a la cama

Cuando el bebé tiene hambre, le será difícil conciliar el sueño y descansar bien, de hecho, lo más probable es que se despierte en mitad de la noche para pedir comida. Por eso, una manera sencilla de conseguir que duerma más horas de un tirón y que descanse bien es alimentarlo antes de ir a la cama. Lo ideal es alimentarlo entre media hora y una hora antes de dormir para que no asocie la alimentación con el sueño.

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