Tú eliges la calidad y tus hijos la cantidad… de los alimentos que comen

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Cuando los hijos comen poco o comen mal es todo un suplicio para los padres. Es una preocupación constante cuando no quieren comer porque nos inquieta que les pueda faltar algún nutriente o vitamina y que se puedan poner enfermos. En este sentido, es importante que los padres entiendan que es mejor que ellos se encarguen de la calidad de los alimentos, y los hijos deberán escoger la cantidad que quieren ingerir. Sobre todo cuando son pequeños.

No le obligues a comer más de lo que quiere

Nunca es buena idea obligar a que los niños coman más de lo que tienen hambre y aún es peor idea obligarles a comer cuando no tienen ganas de seguir haciéndolo. Si les obligas o creas un mal ambiente de alimentación para tus hijos, entonces es más que probable que tenga una mala relación con la comida.

Es posible que recuerdes cómo tus padres te obligaban a comer todo lo que te ponían en el plato aunque no tuvieras más hambre, solo porque de esa manera podrías estar más fuerte y sano. En realidad esto, como te hemos comentado más arriba, no es una buena idea. La creencia de que los niños deben comer grandes platos de comida (cuando no tienen más hambre) es un error común que aún a día de hoy, muchos padres cometen. Es necesario erradicar esta mala forma de actuar por el bien de los niños, ¡y de nosotros mismos!

Los padres se alteran mucho cuando los niños no quieren comer más y normalmente quieren que se acaben el plato. Y los niños, lo pasan mal y acaban teniendo una mala relación con la comida que puede derivar en problemas emocionales o trastornos alimenticios como bulimia o anorexia.

División de responsabilidades

Lo ideal es que los niños elijan la cantidad de comida que quieren tomar y los padres la calidad de los alimentos. En este sentido los padres deben ser los responsables de:

  • Escoger la calidad de los alimentos que van a dar a sus hijos: proteínas, vegetales, frutas, aceites saludables y lácteos.
  • Establecer rutinas de alimentación como la hora del desayuno, la comida y la cena.
  • Tener establecido un lugar para desayunar, comer y cenar que sea siempre el mismo, como la mesa de la cocina o del comedor.

Por otra parte, los niños tendrán la responsabilidad de:

  • Decidir si prueban o no el alimento.
  • Decidir si comen o no el alimento.
  • Decidir cuánto comen de alimento en cada comida.

Los niños determinan la cantidad de comida que ingerirán cada día. Ellos saben cuándo están llenos o cuando ya no quieren comer más. Nunca, bajo ninguna circunstancia es buena idea que se les fuerce ya que esto ocasionaría una mala relación con la comida tanto a corto como a largo plazo.

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Los niños deciden

Los niños están conectados con sus sensaciones y saben perfectamente cuándo quieren seguir comiendo más y cuándo ha llegado el momento de parar. Al estar conectados con su cuerpo y al escucharlo son capaces de tomar estas decisiones. Algo que, por ejemplo los adultos no son tan capaces de lograr. En muchas ocasiones, los adultos comen sin hambre, por gula, por aburrimiento o por tristeza.

A los niños esto no les pasa, ellos saben cómo controlar la cantidad justa de alimentación que deben tomar. Además, los niños son capaces de saber qué alimentos necesitan en cada momento: más fruta o más carne, por ejemplo. Es importante permitirles que exploren sus necesidades.

Respeta a tus hijos

En este sentido, es necesario que respetes las decisiones de tus hijos respecto a su alimentación. Fomenta la conexión con su cuerpo, ya que en muchos casos los adultos la hemos perdido y hemos crecido con frases del tipo: “Si no te lo acabas todo, no te levantas de la mesa” o “Si no te lo acabas todo: no sales/no tienes postre/estarás castigado”, etc. Unas frases que sin duda nos faltaban al respeto y nos obligaban a tener una mala relación con la comida.

Es tu responsabilidad ser consciente de que tus hijos deben aprender a tener una buena relación con la comida y que el momento de comer no sea un conflicto continuo. Evita el estrés a toda costa a la hora de comer para que todos podáis convivir y disfrutar unos de otros y de los alimentos que ingerís.

Tus hijos necesitan comer menos que tú, solo fíjate en la cantidad que comen para hacerte una idea de la cantidad que necesita. Por ejemplo, quizá un niño de 2 años con dos cucharadas de arroz, dos de carne y dos de yogur se quede saciado. La cantidad de alimento que necesita es menor de lo que te piensas y eso no significa que no esté alimentándose bien, está comiendo lo que su cuerpo necesita.

Ten en cuenta que habrá días que coman más y días que tus hijos coman menos. Esto es normal. Recuerda que tiene cierta conexión con su cuerpo y que hay que respetarlo. Solo si crees que está teniendo problemas nutritivos a causa de una mala alimentación, entonces llévale al pediatra para que pueda orientarte en cuanto a una buena alimentación.

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