Estudio revela que las piscinas de bolas son una fuente de bacterias peligrosas

Piscinas de bolas

Todo comenzó en Estados Unidos, entre las cuatro paredes de las casas. Allí fue donde surgieron las populares piscinas de bolas que hoy conocemos. Al inicio eran piscinas pequeñas para que los niños jugaran dentro de casa.

La idea era permitir que los pequeños se divirtieran como en una piscina, pero sin terminar empapando todo ya que el agua se sustituyó por las bolas de colores. Poco a poco esta diversión hogareña se trasladó a las grandes cadenas de restaurantes, que las incluyeron en sus zonas de juego, y ahora se encuentran prácticamente por doquier, siendo uno de los entretenimientos estrella en los parques infantiles y los cumpleaños.

No cabe dudas de que las piscinas de bolas son divertidísimas. Y cuanto más grandes, mejor. Los peques pueden saltar en ellas, buscar la bola marcada, bucear en ese mar de colores, dedicarse a coleccionar bolas de un mismo color o incluso emprender una guerra de bolas con sus amigos.

De hecho, este pasatiempo estimula considerablemente los sentidos infantiles, permiten descubrir nuevas sensaciones y mejoran considerablemente su equilibrio. Sin embargo, las piscinas de bolas también tienen un lado oscuro: pueden contener más bacterias que bolas.

Las piscinas de bolas bajo el microscopio

Investigadores de la Universidad de Georgia del Norte se dieron a la tarea de analizar seis parques de bolas a lo largo del Estado ubicados en entornos clínicos en los que se utilizaban como parte de la terapia con niños. De cada uno recogieron entre 9 y 15 bolas a distintas profundidades. Lo que encontraron no fue precisamente tranquilizador.

En su estudio, publicado en la revista American Journal of Infection Control, indican que “las piscinas de bolas suelen estar contaminadas con rastros visibles de suciedad, vómitos, heces y orina, lo cual se convierte en una fuente de contaminación microbiana”.

Los investigadores encontraron 31 tipos diferentes de bacterias en las bolas, e incluso una levadura que puede provocar enfermedades graves. De esos microorganismos, identificaron 9 especies de patógenos oportunistas.

Algunos de los microorganismos encontrados fueron: Enterococcus faecalis, que puede causar meningitis, endocarditis, septicemia e infección de orina; Staphylococcus hominis, que es el responsable de infecciones del torrente sanguíneo y sepsis; Acinetobacter lwoffii, que puede provocar neumonía, septicemia, meningitis e infecciones urinarias y de la piel, así como Streptococcus oralis, que puede dar pie a problemas como la endocarditis, dificultades respiratorias en adultos y shock estreptocócico.

Piscinas de bolas bacterias

Concluyeron que en estas piscinas “hay una cantidad considerable de colonización microbiana en las bolas”, lo cual representa un riesgo de infección para los niños ya que normalmente manipulan las bolas con las manos y pueden llevárselas a la boca. Por último, recomiendan poner en marcha un protocolo minucioso de limpieza para que las piscinas de bolas no se conviertan en un foco de infección.

¿Cómo jugar con seguridad en las piscinas de bolas?

Es importante que no cunda el pánico. Los niños pueden seguir jugando en las piscinas de bolas como siempre. Si tienen un sistema inmunitario sano, este se encargará de combatir los agentes patógenos a los que se expongan. De hecho, existen muchos otros objetos cotidianos con los que estamos en contacto que también están llenos de bacterias, desde los zapatos hasta los interruptores de la luz, donde pueden llegar a acumularse más de 200 tipos de bacterias por centímetro cuadrado.

No obstante, si tu hijo tiene el sistema inmunológico debilitado, será mejor que extremes las precauciones. Es importante que no se lleve las pelotas a la boca y que se lave adecuadamente las manos después de jugar, para evitar la transferencia de bacterias. Y si no te fías de la limpieza de la piscina de bolas, será mejor que evites que tu hijo juegue en ella.

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