Lo que tu hijo no te dice, te lo grita su cuerpo

Trastorno psicosomático

Si eres padre o madre sabes que lo más importante en tu vida son tus hijos, es la naturaleza humana y en la mayoría de ocasiones es una sensación que no se puede evitar y que siempre estará presente. Cuando nuestros hijos presentan problemas físicos o mentales, como padres, buscamos rápidamente profesionales para tratarles de la mejor manera posible y que ese malestar que sienten, del tipo que sea, se mitigue.

En muchas ocasiones, el profesional médico, cuando se trata de dolencias físicas, no siempre encuentra la causa que lo justifique y quizá pienses que tu pequeño se lo está inventando, porque parece que no hay nada que pueda demostrar que realmente sienta dolor. En cambio, debes saber que lo que tu hijo no te dice, te lo grita su cuerpo. Cuando entiendas esto, podrás entender otras muchas cosas.

Parece que está bien pero en realidad, está sufriendo: es el trastorno psicosomático

Tu hijo, cuando te dice que le duele algo, lo más probable es que no esté mintiendo. Es posible que pienses que sea una enfermedad rara y que por eso no se ve nada que se justifique a primera vista, esto, por supuesto, hará que te preocupes aún más sobre su estado de salud.

Por este motivo, es importante que conozcas lo que son los trastornos psicosomáticos. Debes reconocerlos para saber qué le ocurre a un niño que se queja de dolor pero aparentemente su salud física está bien.

Cuando se padece un trastorno psicosomático, aparecen síntomas y dolencias que se experimentan de forma real aunque no existe una causa orgánica que los pueda explicar. No existe nada a nivel físico pero los dolores son reales.

Síntomas psicosomáticos más habituales

Los síntomas más habituales que ocurren cuando se sufre un trastorno psicosomático son: dolores estomacales, trastornos digestivos, dolor de cabeza, irritaciones dérmicas, crisis asmáticas o problemas para dormir.

Cuando esto ocurre, el pediatra siempre realizará pruebas y exploraciones para descartar que el menor tenga alguna dolencia física que justifique estos dolores que padece. En el caso de que no exista un problema físico que ocasione estos síntomas, entonces es probable que el facultativo comience a valorar un trastorno psicosomático.

Hijo fingiendo estar enfermo

Causas del trastorno psicosomático

Un trastorno psicosomático puede aparecer en cualquier momento de la vida, no tiene edad. Puede ocurrir tanto en niños, como adolescentes, jóvenes, adultos, personas mayores… aunque los niños son más vulnerables porque tienen menos recursos para poder gestionar su gran mundo emocional. No tienen las herramientas y estrategias necesarias para reconducir sus emociones correctamente.

Un adulto sí puede tener la madurez emocional para buscar buenas vías de gestión emocional como escribir sus emociones, hablar con personas de confianza, hacer cosas que le hagan sentir bien, practicar ejercicio en la naturaleza, etc.

Por otra parte, un niño cuando se siente mal no sabe qué tiene que hacer para sentirse mejor y esa intensidad de emociones no gestionadas son las que se acumulan en su ser y pueden hacer que aparezcan los síntomas psicosomáticos. Un niño no sabe cómo pedir ayuda cuando se siente mal, solo entiende que si está malito sus padres le cuidarán. Con las emociones debe ser igual, cuando no sepa gestionarlas y le hagan sentir mal, sus padres también deben ser esa guía que necesita para sentirse mejor.

Tu hijo no está fingiendo: necesita tu ayuda

Cuando tu hijo tiene síntomas psicosomáticos no está fingiendo, no te miente ni tampoco es una llamada de atención. No te quiere manipular para conseguir sus intereses particulares. Es un mecanismo que no puede controlar y su cuerpo comienza a gritar lo que el pequeño no es capaz de expresar… y es por eso que aparecen las dolencias y el malestar.

Para ayudarle a tener una mejor gestión emocional y que esas dolencias psicosomáticas se mitiguen ten en cuenta los siguientes puntos:

  • No minimices sus dolores, tu hijo está sufriendo. Necesita tu comprensión y no tus juicios de valor. No dudes de su palabra, cree lo que te está diciendo.
  • En casa, trabajad siempre que sea posible la inteligencia emocional, enséñale qué son las emociones, por qué aparecen, qué se siente en cada una de ellas y cómo puedes gestionarlas para estar mejor.
  • Enséñale estrategias para que pueda gestionar sus emociones como hacer ejercicio, técnicas de respiración y relajación, escribir un diario, hablar contigo o con otra persona cercana que sea de confianza, etc.
  • Sé el mejor ejemplo y gestiona tus emociones para que tus hijos aprendan a hacerlo también. Si tus hijos ven en ti esa gestión le resultará mucho más fácil hacer mejor las cosas.

Siempre que un cuerpo grita, merece ser escuchado. Siempre que tu hijo se sienta de ese modo, agáchate, mírale a los ojos y abrázale para que sepa que estás a su lado y que lo estarás siempre que lo necesite. Acompáñalo siempre que sienta estrés, ansiedad, tristeza, enfado, rabia o cualquier emoción que no sepa gestionar correctamente.

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